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El P. Agustín Caloca

De los mismos Caloca y con una celebridad que concierne al terreno de lo sobrenatural, merece ser recordado el Padre Agustín Caloca, hijo de Don Eduviges Caloca y de Doña María Plutarco Cortés. Don Eduviges Caloca, fue medio hermano de Don Manuel Caloca, y por tanto, los hijos de uno y otro entre sí, fueron “medios primos hermanos”

Los hijos de Don Eduviges, fueron Valentín, el Padre Pomposo, Diego, el Lic. Pedro, el Padre Agustín, Elena y Trine, ella con Don Diego a la fecha, únicos sobrevivientes de la familia.

El Lic. Pedro Caloca, en una sumarísima biografía del Padre Agustín, da la fecha de su nacimiento, el 5 de mayo de 1898 y dice: que hizo sus primeros estudios, en la escuela parroquial, al cuidado de aquél párroco. Don Luis M. Gómez, que dejó profunda huella, por su actividad y perspicacia apostólica. Él mismo, indujo a Agustín e hizo que sus padres accedieran a enviarlo al Seminario de Guadalajara, en el año de 1912.

Dice el Lic. Pedro: “Siendo seminarista, pasaba sus vacaciones en el rancho de nuestros padres, “La Lobera”. Semanáriamente, concurría a la Santa Misa y Sagrada Comunión, en la Parroquia. El resto, lo pasaba dedicado, con autorización del párroco, a organizar los centros catequísticos en los ranchos, dando instrucciones a las catequistas, para que en el resto del año, en que Agustín no estaba ahí, se desarrollaran los trabajos, conforme al plan que él les daba. Diáriamente, convocaba a los vecinos, al rezo del Santo Rosario”.

Siguió con muchas dificultades e intermitencias los estudios sacerdotales, por la situación conflictiva que vivía entonces nuestra patria, situación de la que sus “Medios primos” daban resuelta y gallarda cuenta, en las filas de combate. Así y todo, terminados los estudios eclesiásticos, fue ordenado como Sacerdote, por el Excmo. Sr. Orozco y Jiménez, el 5 de agosto de 1923. Y vino a cantar su misa, el 15 de ese mismo año, en uno de los meses más hermosos de ésta región, los campos verdecidos y llenos de flores. Recién llegado, estaba entonces como ayudante del Sr. Cura Iñiguez, El Padre Cipriano González, quien hace algunos recuerdos, de la solemnidad de aquel cantamisa:

Yo llegué al Teúl, el 18 de enero de 1923, así que estuve a tiempo de empezar a preparar el cantamisa de Agustín. Preparé las primeras comuniones, hubo muchas; se me hace que entonces, hizo su primera comunión Jesús Mercado. Había mucho entusiasmo en la gente, parece que era aquél, un cantamisa después de mucho tiempo, es decir, la gente no tenía recuerdo próxima de otra celebración así y por eso había entusiasmo y alegría en todo el pueblo.        

Estuvo en la fiesta, el Sr. Cura Cristóbal Magallanes de Totatiche, su compañero, después en el martirio, el Sr. Cura Concepción Urzúa; entonces, encargado de Santa María; no, espérate: en Santa María, estaba el Padre Tomás Guzmán, a quien se trajeron  tuberculoso aquí en el pueblo y luego vine yo a sustituirlo; el Sr. Cura don Ignacio Iñiguez, era entonces aquí el párroco, uno de los párrocos más ilustres que ha tenido el Teúl. 

El templo se arregló con festones de pino. Se veía bonito. Y luego la fragancia. Me ayudaron en las composturas, las Sandoval de Don Leocadio, Catalina Muñoz, Nicolasa Sandoval, Nacho Campos, en fin… Después de la misa, hubo una comida en el curato; vinieron los seminaristas y mucha gente del pueblo.  Estuvo en el banquete; muy sencillo, no creas que cosa de elegancia. . . 

Recuerda también el Padre González, la celebración que hubo aquí, de una Semana Social, orientada a promover el desarrollo de los campesinos y obreros en nivel de dignidad y progreso, acorde a las enseñanzas, entonces vivas, de León XIII. Dice: que el Padre Caloca, participó con mucho entusiasmo y recuerda entre otros distinguidos participantes, de aquel movimiento, a los hoy sacerdotes Heriberto Navarrete, S. J., Don José Mendoza González, el Sr. Cura Magallanes y todos los Sacerdotes de la comarca.

Inicialmente, el Padre Agustín Caloca, fue destinado a La Barca, pero se revocó el nombramiento, a petición del Sr. Cura Magallanes, quien lo pidió para su parroquia y luego en1925, lo puso a cargo del Semanario de Totatiche.

De su empeño ministerial y de las cualidades sacerdotales del Padre Agustín, habla su contemporáneo de entonces, hoy obispo dimisionario de Acapulco, Gro., originario de Totatiche y también ex alumno de aquel Seminario, Dr. D. José Pilar Quezada:

A vista de todos, estaba su humildad, su obediencia, su pureza angelical…Fácil era calificarlo por éllas; pero su riqueza espiritual y su tesoro oculto, era su unión con Dios, su pureza de intención, que lo sobrenaturalizaba todo y, como secreta alquimia, todo en sus manos lo convertía en oro”. 

Dice el Sr. Quezada, que toda su vida pareció enfocada hacia el martirio, pues considera que su pensamiento, sus anhelos, su vida toda, estaba signada por un llamamiento al sacrificio. Entre otras manifestaciones de ésta vocación misteriosa, cita unos versos del mismo Padre Agustín, escritos para explicar a sus alumnos de Literatura, la estrofa sáfica. De éste poema titulado, Adelante, Caballero, son los cuatro versos que siguen:

Ángel del cielo, mi plegaria escucha,

Tú que repartes, lauros de victoria,

Rápido baja, el sacrificio acepta,

Llévalo  al cielo.

Desde la fecha de su ordenación sacerdotal, residió en Totatiche, auxiliando al Sr. Cura Magallanes, en el ministerio parroquial y fungiendo, a partir de 1925, como Prefecto del Seminario. En ésto, se recrudeció la persecución religiosa y esquivando en la forma en que pudieron los riesgos de ser aprehendidos, los Sacerdotes de Totatiche, continuaron así, hasta el día lamentable, 21 de mayo de 1927, fecha en que el Gral. Goñi, determinó un reconocimiento de la región; al saberse que estaba próximo a llegar al pueblo, el Padre Caloca y los alumnos del Seminario, trataron de dispersarse por las casas del pueblo y rancherías cercanas. El Padre, acompañado del ahora Pbro. Rafael Haro, también del Teúl, quien por cierto, ha hecho una emocionada y viva narración de estos momentos cruciales, huían a pie rumbo al rancho de Santa María, cuando la tropa vio y detuvo al Padre Agustín, no así a Rafael, quien permaneció escondido, en unos zanjones hondos de aquel terreno. Quedó preso en Totatiche, adonde fue llevado preso también, por aquello de las dos de la tarde, el Sr. Cura, Cristóbal Magallanes.

Al tercer día, 24 de mayo, a media mañana, la tropa se llevó a los Sacerdotes, a Colotlán, Jal., pernoctó en Momax, el 24. Ya en la tarde, arribaron a Colotlán y el25 amediodía, en la Casa Municipal Quemada, en el corral de ésta, fueron ejecutados los dos Sacerdotes. Pidió permiso el Padre, de hablar.  Y antes de recibir la descarga, pronunció sus últimas palabras: “Nosotros por Dios vivimos y por Él morimos”.

Sonó la descarga que abatió los cuerpos de los dos Sacerdotes y en seguida, relata el Sr. Cura Nicolás Valdés: “Los cadáveres todavía palpitantes, fueron semi-arrastrados hasta el zaguán, y un Oficial o Jefe, gritó a la multitud aglomerada en la puerta: “Ahí están, tráguenselos”.

Depositados los cuerpos en sendas cajas y llevados por los mismos soldados, fueron sepultados en el panteón municipal, en improvisadas sepulturas, sin que pudiera por el momento, hacerse otra cosa. Ahí estuvieron los cuerpos, hasta el día 23 de agosto de 1933, en que fueron exhumados los restos, para llevarlos al templo parroquial de Totatiche, lo cual se hizo, con intervención del entonces párroco Pbro. J. Pilar Quezada y el Padre Julián Hernández, Vicario fijo de Temastián y de otros varios Sacerdotes. Al localizar y descubrir las sepulturas, encontraron los presentes, la sorprendente conservación, del corazón, del Padre Caloca.

El entonces Sr. Cura Quezada, expresa de éste modo aquel hecho:

“El corazón del Padre Caloca, se encontró incorrupto. Conservaba todavía un fragmento del blindaje de una bala, que al oxidarse, hizo aparecer una ligera mancha verde”. Y apurando alguna explicación natural de aquel hecho continúa: “Seis años después de sepultado un cadáver, que no se embalsamó, ni recibió preparación, y del cuál, ya había nada fuera de los huesos; en un terreno que la temporada de lluvias vuelve pantanoso, nos parecía más que extraño, encontrar, en el fondo de un sepulcro viejo y lleno de agua, un corazón no siempre fresco y lleno de sangre, pero sí, íntegro y sin corromperse todavía”.  

Foto de la familia Caloca, cuando nadie se imaginaba la sangre del mártir, el llanto y el luto que estrujaría el Teúl; la gloria y el honor que ahora llena las almas. Entre sus papás, Don Edwiges y Doña María, Agustín y Pomposo. Atrás los hermanos, Pedro, Elena y Trine. Un título de fama, que quedó, para los Caloca, en una etapa de nuestra historia.

Después de diecinueve años, cuando fue párroco del Teúl el Sr. Cura Ángel Gómez, luego Canónigo de San Juan de los Lagos, se tramitó ante las autoridades eclesiásticas, de la Diócesis, el traslado de éstos despojos, a nuestra parroquia, traslado que se hizo, el día 29 de  abril de 1952, en la forma y desarrollo, que quedó consignado en el Libro de Gobierno No. 5, de esta parroquia, páginas32 a34, que dicen así:

“Los que suscribimos, Sacerdotes, habiendo hecho juramento tactis Dei Evangeliis, de decir verdad, siendo testigos oculares, afirmamos: Que el domingo 27 de los corrientes, fueron exhumados los restos del Sr. Pbro. D. Agustín Caloca, en presencia de los señores Párrocos: D. Teodoro Ríos y Ángel Gómez, de Totatiche y de San Juan B. del Teúl, respectivamente y de varios Sacerdotes y gran multitud de fieles. 

Que el día 28, después de una Misa solemne de difuntos, siendo las 11 horas del día, hizo el Sr. Pbro. D. Teodoro Ríos, Párroco de Totatiche, la entrega de los restos, al Sr. Pbro. D. Ángel Gómez, Párroco de San Juan Bautista del Teúl, Zac. Estos restos, están contenidos dentro de una caja de cedro, la cuál, no fue abierta, sino que como se sacó de la gaveta, colocada debajo del piso del Presbiterio del Templo Parroquial de Totatiche, así se colocó, en el catafalco y así se entregó como queda dicho. Afirmamos, así mismo, que durante el trayecto de Totatiche a San Juan B. del Teúl, llamado civilmente El Teúl de González Ortega, del Estado de Zacatecas y Arquidiócesis de Guadalajara, la urna se conservó en el mismo estado, sin ser abierta. 

El traslado se hizo, en un camión de pasajeros, perteneciente a la Cooperativa de Transportes, que hace servicio de Zacatecas a Sánchez Román,  Tepechitlán, El Teúl y otros lugares. El camión, iba lleno de personas, de la Parroquia del Teúl, que habían ido a Totatiche, con ese objeto. 

Despedidos los restos, en las afueras de Totatiche, por el Párroco y fieles con grandes muestras de duelo, se puso en marcha el camión portador de los restos, seguido de una troca o camión de carga, que llevaba al Sr. Pbro. Dr. D. Pudenciano Martínez y Sr. Mta. D. Luis Méndez y a todos los alumnos del Seminario Auxiliar de Totatiche, de cuyo plantel en otro tiempo, fuera Prefecto el Sr. Pbro. D. Agustín Caloca. 

Durante el camino, se fueron rezando Rosarios con la antífona: Réquiem aeternam… En el rancho de Cartagenas, fue necesario detener el camión, para que un numeroso grupo de fieles, pudiera besar la urna y depositar flores sobre élla. 

En la Parroquia de Tepechitlán, se cantó responso dentro del Templo y los niños y niñas uniformados, de la Escuela Parroquial y una gran multitud de fieles, de ambos sexos, acompañaron los restos hasta fuera del pueblo. El Sr. Cura del lugar, Sr. Pbro. D. Francisco Rodríguez, no pudo acompañarlos, por encontrarse enfermo de reumatismo. 

En la Capellanía de Santa María de la Paz, perteneciente a la Parroquia de San Juan B. del Teúl, también, fueron llevados los restos al Templo, donde se les rezó un responso y también lo acompañaron un largo trecho. A las 18 horas 30 minutos, se llegó al Teúl, donde fueron recibidos con gran solemnidad, siendo precedido el camión, por un grupo de gente a caballo. Después en hombros, fue conducido, al Templo Parroquial, precedido por una larga formación de niños, jóvenes, señores y los niños de la escuela parroquial, vestidos de uniforme negro y blanco. Seguían a la urna las señoritas y señoras. ,

Ya en el templo Parroquial, fue colocada la urna intacta, en el catafalco; siguió el rezo del Santo Rosario de ánimas; el canto del primer Nocturno de Difuntos y fueron velados los restos durante toda la noche, guardados por hombres serios, devotos y respetuosos. 

El día 29, se celebraron solemnes Honras Fúnebres a las 10 A.M., sin Oración Fúnebre. Mientras se abría la gaveta, siguieron dentro de una urna, en el Catafalco. A las 17 hs, fueron inhumados los restos en su lugar. Para constancia de lo anterior, firmamos en seguida. San Juan B. del Teúl, Zac., 29 de abril de 1952. Testigo: Pbro. J. Guadalupe Rojas. Testigo: Pbro. J. Félix Miramontes. Es copia fiel del original. Doy fe. Pbro. Ángel Gómez.” 

Una constancia más, guarda el Libro del Gobierno mencionado, con respecto al hecho de la inhumación de los restos, propiamente tal y dice así:

“Los que suscribimos, sacerdotes y testigos oculares, damos testimonio, habiendo hecho juramento, tactis Dei Evangeliis, de que el día 29 de abril del año del Señor, mil novecientos cincuenta y dos, a las 17 horas, fueron inhumados los restos del Sr. Pbro. D. Agustín Caloca, en una gaveta construida debajo del piso del Presbiterio, al lado del Evangelio, del Templo Parroquial de S. Juan del Teúl, según el ceremonial del Ritual Romano, por el Sr. Pbro. D. Ángel Gómez, Párroco de éste lugar, asistido de los señores Pbros. D. J. Guadalupe Rojas y J. Félix Miramontes, como Diácono y Subdiácono respectivamente. 

 La urna, se colocó sin ser abierta, habiendo, o antes puesto, unos tornillos para mayor seguridad. Puestas las losas que cubren la urna, se retiraron los Sacerdotes a la sacristía. Damos fe. Para constancia firmamos. San Juan Bautista del Teúl, Zac., 29 de abril de 1952. Testigo: J. Guadalupe Rojas., Pbro. Manuel Gracia. Es copia fiel del original. Doy fe. Pbro. Ángel Gómez”.

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