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COMP. HISTORICO

Complemento Histórico

              El Teúl Prehispánico y el Colonial

Nicolás Valdés Huerta

Guadalajara, Jal., 1980

  • El Censor  P. Eucario López
  • Guadalajara 15 de abril de 1980
  • Puede Imprimirse
  • Cango. José Pérez alba, V. G.

INDICE DEL COMPLEMENTO HISTÓRICO

  1.         Introducción.
  2.         El Teúl, fundación meshica.
  3.         El descubrimiento de América.
  4.         La Conquista Española. .
  5.         Nuño de Guzmán en El Teúl
  6.         Principios de la Evangelización
  7.         La Rebelión del Teúl.
  8.         La Debelación.
  9.         La Gran Rebelión.
  10. La Derrota.
  11. El Secreto de la Pacificación.
  12. El Traslado de los Cazcanes.
  13. Juan Delgado.
  14. Reanudación de la Evangelización.
  15. Ginés Vázquez del Mercado.
  16. Convento en El Teúl.
  17. Visita del Convento.
  18. Descripciones de El Teúl.
  19. Visitas Pastorales.
  20. El Fundo Legal del Pueblo.
  21. Reconocimiento de 1733.
  22. La Real Merced y su titulación.
  23. Subsidio obligatorio al Rey.
  24. Ultima Visita Pastoral en el siglo.
  25. Venta para pagar el tributo.
  26. Antigüedad conocida de familias teulenses.
  27. Curas Ministros de Doctrina.
  28. Notas.
  29. Bibliografía.

DESDE GUADALAJARA, el 12 de diciembre de 1550, escribe al rey de España el primer Obispo de Guadalajara, D. Pedro Gómez Ma­raver: “Este Nuevo Reino de Galicia es una región -en esta Nueva Es­paña- lo último de paz; tierra larga y muy angosta y, por do hace cos­tado a la Mar del Sur, es tierra caliente, húmeda, enferma y en partes muy fragosas. . . A la parte del norte es fría, de grandes barrancas y se­rranías, donde están poblados los Cazcanes, gente robusta y muy ani­mosa, que fueron los que cometieron el levantamiento y rebelión pasa­dos; y por la bondad de Dios están pacíficos y enseñados en las cosas de nuestra Santa Fe Católica”. 1

Acompañó un mapa, hecho expresamente para ilustrar lo descri­to: Al norte del Río Santiago, la derecha de la parte alta está ocupada por los “chichimecas”, la central por los “zacatecos” y la izquierda por los “nayaritas”; en la parte media, los “Cazcanes”, dueños del territo­rio en que aparecen los “peñoles” de “Nochistlán”, “Juchipila”, “El Miztón” y “El Teúl”.

Este último “peñol”, que se identificaba con El Teúl primitivo, y El Teúl actual, fundado casi al pie del “peñol”, son el objetivo de este modesto estudio.

El Teúl, Fundación Meshica

Guiados por su Dios Huitzilopochtli y procedentes de Aztatlan, lugar situado “hacia el septentrión ” aparecieron en el valle que se extiende desde Jerez  hasta el Teúl, los Meshicas o mexicanos raza belicosísima  y en extremo sanguinaria, como lo demuestra la historia. Era la segunda mitad del siglo XII.

Huitzilopochtli ordenó a aquel incontable enjambre humano gue­rrear y desalojar a los habitantes del valle, los huicholes y los tepehuanes, obligándolos a retirarse a las barrancas y sierras del occidente. “Y alla­nada la provincia y valle de Tlaltenango con sus aldeas, Tepechitlán y el pueblo del Teúl, encima de un peñol de piedra tajada, que tenía una entrada y no más, y una fuente de agua, la torrearon y fortalecieron, porque le querían tener para amparo de los sucesos de la guerra. Y edificaron un templo suntuoso, que fue EL SANTUARIO GENERAL para ellos, donde sacrificaban todos los que prendían en ella”. 2

Eso fue hasta principios del siglo XVI. El Teúl, cuya significación es “Dios”: el centro religioso de La Cazcana, territorio que, además de los pueblos dichos, comprendía a Jalpa, Apozol, Juchipila, Nochistlán y Teo­caltiche con numerosas poblaciones menores.3

Descubrimiento de América

La noche era clara…  Oh noche bendita!

El monte en que ha tiempo la Virgen habita,

rodeado de arcángeles alzaba la voz…

El monte cantaba su grande epopeya                        .

¡Allá entre los cielos repetía la estrella

ese himno vibrante, para darlo a Dios!

“Yo vi cuando el indio, peregrino errante,

pobló con sus tribus mis campos desiertos…

Llegó de una tierra lejana, distante,

llegó como el ave, de rumbos inciertos,

llevando en el alma la espina sangrante

y cantos muy tristes en sus labios muertos.

“Yo vi pasar indios de sangre sedientos,

armados de flechas, de mazas y escudos…

lanzando sus gritos a todos los vientos,

llevando consigo sus ídolos mudos,

sus dioses de piedra, como ellos, sangrientos;

como ellos, errantes; como ellos, desnudos…

” ¡Mas llegó la hora del Omnipotente!

¡Llegó, al fin, la hora … !

Jesús, el Maestro, concibió en su mente

redimir un pueblo y nacer nuevamente…

¡Llegó, al fin, la hora

y mandó a su Madre, la Corredentora! …” 4

Tal es el sentido, el significado del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón, el 12 de octubre de 1492. La Cruz Redentora toma­ba posesión de este Nuevo Mundo, como años después la tomaría, en El Tepeyac, la Virgen de Guadalupe!

La Conquista Española

Los conquistadores más destacados de las dos grandes porciones de México, que se llamaron La Nueva España y la Nueva Galicia, fueron, co­mo se sabe, Hernán Cortés y Nuño Beltrán de Guzmán.

Su conducta, su proceder como conquistadores, es difícil de enten­der a la luz de las ideas que actualmente privan en el mundo. Por eso es de elemental justicia y sensatez juzgarlos tomando en cuenta las ideas que regían su tiempo y que los inspiraron.

España, particularmente, continuaba viviendo y realizando el ideal de la Edad Media. “Propiamente, la sociedad cristiana medieval no tiene más que una sola cabeza, que es Cristo, Cabeza invisible que actúa místi­camente en la Iglesia, y de modo visible: por su representante, el Papa; por el Emperador, creación pontificia para protección y salvaguarda de Roma y del Catolicismo, y por los príncipes seculares que rigen las naciones cristianas con autoridad dimanada de la fuente de toda autoridad, que es Dios”5

Además: España creyó continuar, ahora contra los infieles del Nuevo Mundo que se resistieran, la Cruzada sostenida, desde el siglo VIII, en el suelo español contra el Islamismo, al que, finalmente, venció el año de 1492, el mismo año del Descubrimiento. Ahora ya no se trataba de liberar el Santo Sepulcro, como en el tiempo de las Cruzadas, sino de liberar del Paganismo las almas de los indios, a los que había que dar a conocer la única verdad: la Fe Cristiana. Si se resistían, se declararían, por el mismo hecho, enemigos de Dios y de su Iglesia, y, por consiguiente, habría que hacerles la guerra.

¿Intervención condenable? Es cuestión de tiempos. En aquél no se juzgaba así. Y en nuestro tiempo, ¿se ha condenado o se cree condenable la intervención, disimulada o no, para proteger los derechos humanos, cuando han sido atropellados en un país entero?

Nuño de Guzmán en el Teúl

Deseoso de realizar una conquista que eclipsara la de su odiado enemigo Hernán; rehuyendo, de hecho, la justicia que le esperaba por su pésima administración de la gubernatura del Pánuco y de la Presidencia de la Primera Audiencia, Nuño Beltrán de Guzmán salió de México, a fines de 1529, a realizar “una entrada a los teules chichimecas”. Los “tlahuilos”, historiadores indios que formaban parte de la expedición, pintaron, frente a la imagen de Nuño, una serpiente que se precipitaba del cielo a la tierra, para significar los males que esperaban a los pueblos invadidos.6

El lo. de abril de 1530, llegó a Nochistlán, la capital política de La Cazcana, territorio de los “mexicanos rústicos” que lo habían conquistado el siglo XVI. Al tercer día, envió a sus capitanes a reconocer los principales pueblos. A Pedro Almíndez Chirinos le tocó ir al más alejado, El Teúl, la capital religiosa. Y aunque fue informado de que sus habitantes habían dejado el lugar, y los “indios amigos” lo habían quemado, quiso ir a verlo, acaso movido por las ponderaciones que le hicieron de su grandeza y her­mosura.

      Este cuadro, tomado del Códice Telleriano, mues­tra a Nuño de Guzmán saliendo de México en 1529 a la Conquista con que pretendía opacar las hazañas de Cortés. El tacuilo o historiador indio puso frente a Nuño una serpiente que baja del cielo como figura de la guerra y sus consecuencias.

El mismo se encargó de ponderarle todo a la reina, en carta del 8 de julio del mismo año: “un peñol, el más fuerte que se ha visto, todo de peña tajada el rededor, y muestra ser cosa de mucha grandeza y auto­ridad, porque lo más era de edificios y cués muy suntuosos, que cada uno de los señores de la provincia debía tener allí, para ir a hacer sus sacrificios; y así dicen los naturales que era allí el ídolo mayor de todos, y que era de oro, y que había sido destruido en otros tiempos de guerra; eran de piedra labrada muy buena, en que había piedras de dieciocho pal­mos; todos con sus escaleras y figuras de hombres grandes, de piedra, donde sacrificaban; y otras cosas, conforme a las que en México se halla­ron, de las que dicen los mexicanos que son como ellos las tenían. Había casas de patios muy buenos. Hay en él muchas fuentes de agua muy buena…,8

La estancia de Nuño en El Teúl fue del 23 al 25 de abril. No había qué comer y era preciso retirarse; pero el 24 se empleó en una expedición del capitán Verdugo a TIaltenango. Informó haber seis leguas de distancia, “y que las tres va todo poblado”. La más de la gente se había retirado a las sierras; de los restantes, algunos opusieron resistencia y fueron muertos.

El día de la salida, “puse una cruz en lo más alto de aquel peñol, y díjose una Misa, porque Dios fuese alabado y adorado donde el diablo tanto había sido servido y recibido sacrificios. Y tomada posesión por Vuestra Majestad, dejé allí todas las mujeres y niños que se habían tomado” ,9 escribe a la reina de España.

Sobre la expresión de Nuño, “tomada posesión por Vuestra Majestad”, hay que decir: Todavía, a estas fechas, España interpretaba la bula que Alejandro VI, en su calidad de Arbitro Supremo de las cuestio­nes entre las naciones, había dado en 1493, dirimiendo el pleito entre Portugal y España por las tierras del Nuevo Mundo. No se trataba de una “donación” absoluta, sino condicionada: si los nativos “le quisie­ran reconocer por señor y pagarle tributo”. “Los Reyes acabaron por en­tender, gracias a los teólogos y religiosos defensores de los indios -como Las Casas y Vitoria, a quienes noblemente consultaron-, que la dona­ción apostólica no era un título legítimo de conquistas”. En cambio, “quedó un hecho trascendental: el cristiano empeño de los Reyes de España en cumplir el mandato papal: evangelizar a los habitantes del Nuevo Mundo, enviándoles varones probos, temerosos de Dios y experimentados en la conversión de las almas

Principio de la Evangelización

La Orden Franciscana puede bien llamarse la Santa Madre de la ci­vilización mexicana. Desde sus comienzos, hasta que la rapiña y la perse­cución, impuestas por el extranjero, físicamente la exterminaron, los fran­ciscanos, por largos tres siglos, con sus esfuerzos y su sangre, fueron por doquier derramando, como su Santo Padre, la fe, el consuelo y la caridad de Cristo”. 11

Pues honra y prez de la Orden Seráfica y protoevangelizador de buena parte de Jalisco y de todo el sur de Zacatecas fue el venerable Padre Fray Antonio de Segovia, venido a Jalisco, procedente de Michoacán, el año de 1530. “Hizo su asiento por mucho tiempo en el pueblo de Te­t1án”,12  donde fundó el primer convento de la Nueva Galicia. El y Fray Juan Badillo “bautizaban y administraban… y toda la Cazcana, que son los pueblos y cabeceras de Juchipila, T1altenango, Teúl, Mecatabasco, Nochis­t1án y Teocaltech, y volvían a asistir a su convento, sin descansar en el heroico oficio de la predicación, dilatando esta iglesia, pequeña hija de la Romana, hasta poner los estandartes de Cristo Nuestro Señor sobre la cerviz del demonio y de estas gentes feroces, a las que endulzaron la voluntad depravada, con el Evangelio y buenas costumbres y vida estos heroi­cos varones”. 13

La Rebelión del Teúl

Mientras tanto, Nuño de Guzmán avanzaba hacia el norte, por el lado de la costa, como un incendio devastador. Y era natural que en todas partes, pero de modo especial en La Cazcana, se reaccionara airada y violentamente. Y fue así como “las provincias del Teúl y las a ellas co­marcanas” estaban ya en franca rebelión, el año siguiente al del paso de Nuño Guzmán. Por ello, desde Tepic, destinó al capitán Juan de Oñate para que acudiese a pacificarlas.14

Al mismo tiempo, juzgando los días futuros por los pasados en que no hubo resistencia, debe haber nombrado encomenderos de El Teúl a Sancho Hernández y Pedro Mateos, que probablemente murieron en la empresa. El Padre Tello dice: “Mucho se padeció en la conquista de este pueblo, porque la primera vez que se alzaron los indios y fueron los españoles a reducirlos, murieron a manos de los indios todos los españoles, que no quedó alguno: y pasados muchos días, volvieron otros españoles, y los indios se subieron al cerro, donde se hicieron fuertes, por tener allí su ído­lo principal, y por esta causa pusieron a dicho cerro por nombre Toix, que quiere decir dios”.15

El capitán Juan Delgado sería el vencedor de los indios teulenses, pero no antes de mediado el año de 1536.16 Nuño lo había nombrado nuevo encomendero de El Teúl, a fines de 1534: “Por la presente, en nombre de Su Majestad, deposito en vos, Juan Delgado, vecino de la Villa de Guadalajara, los señores y naturales del Teúl, su sujeto, como lo tenían Sancho Hernández y Pedro Mateos, para que os sirváis de ellos en vuestras haciendas y granjerías, con cargo que tengáis de los industriar en las co­sas de nuestra santa fe católica, poniendo en ello toda vuestra solicitud, posible y necesaria, en lo cual descargo la conciencia de Su Majestad y la mía, en su real nombre. Fecha en esta ciudad de Compostela, a seis de diciembre de mil quinientos treinta y cuatro.- Nuño de Guzmán. -Por mandato de Su Señoría-, Pedro Ruiz de Haro”.17

La Debelación

En junio de 1536, la guerra tocó a su fin. Los españoles estaban de­cididos a asestar el golpe final, engañados por la aparente escasez de los defensores del cerro; mas Fray Juan Pacheco dijo a los españoles que no diesen la batalla, “hasta que pasasen dos días, porque era infinidad de in­dios la que estaba abajo escondida, y que él diría cuándo se había de dar. Para certificarse de esto, los españoles enviaron seis espías, y habien­do muerto a uno, volvieron los cinco y dijeron que el campo no se parecía de indios. Pasados dos días, en que muchos de ellos se habían retirado a buscar alimentos, y a los españoles llegado socorro, por consejo de Fray Juan Pacheco -que por inspiración divina les había dado el aviso ante­rior- se dio la batalla y quedaron vencidos los indios y echados del cerro, con que se dio fin a la guerra…

“Ganóse este pueblo el día de San Juan Bautista… Vencidos los indios, los españoles derribaron y quebraron aquel gran ídolo Theotl; y los bajaron y poblaron a donde ahora está el pueblo, y se fueron aquietando y acariciando con los religiosos; y muchos de los que se habían huido de miedo de los españoles, se volvieron; y Dios, como Padre de misericordia, les dio cinco manantiales de riquísima agua en torno del pueblo, cerca de las casas, que todos salen de peñas abiertas, con que hoy tienen mucha abundancia.18

“El capitán Juan Delgado, en compañía de Fray Juan Pacheco, religioso de nuestro Padre San Francisco, fueron los fundadores de la iglesia de aquel pueblo, y pusieron ambos la primera piedra; y para aficio­nar a los niños a que fuesen a la doctrina para enseñársela, les daban confi­tes y listones, con lo que se aficionaron de manera que no veían la hora de ir a la iglesia, la cual se acabó dentro de un año, y lo que va a decir el día de la Degollación de San Juan Bautista; y el día que se dijo la primera Misa, se bautizó un hijo de gran cacique y una hermana suya, y se llamó el indio don Juan y ella doña Catalina; y el Padre Fray Juan Pecheco le dio al indio una imagen de San Juan Bautista, y a la india otra de Santa Catarina mártir. Y desde entonces quedó por titular y patrón el Santo Precursor”.19

La Gran Rebelión

La conquista a sangre y fuego, robo y exterminio realizada por Nu­ño de Guzmán, la esclavitud por él institucionalizada, y la opresión y explotación inmisericordes por parte de la mayoría de los encomenderos, necesariamente debían producir en las incontables víctimas que vivían para contarlo una reacción tan tremenda en sus proporciones, como impre­visible en sus consecuencias. Y esa reacción tan temida se produjo extre­madamente amenazadora a fines de 1540.

La trama y desarrollo de la conjuración, que abarcaba a todo México y alcanzaba hasta Guatemala, está tratada magistralmente por José López Portillo y Weber en su obra La Rebelión de la Nueva Galicia 20

Si la Gran Rebelión, brotada en el norte de la Sierra Madre Occi­dental y desarrollada en La Cazcana, hubiera tenido por única meta la re­cuperación de su libertad y de sus tierras, la Gran Rebelión sería inobjeta­ble. Pero se quiso también el retorno a la idolatría. Tal el caso de los Cazcanes, cristianos ya en su gran mayoría. Idolatrar de nuevo era evidente apostasía; y el peligro de que se extendiese a la cristiandad india situada al sur del Río Santiago, incluida toda la Nueva España, fundamentó el derecho a la represión. El haber viciado su Causa los indios rebeldes, fue la causa de su derrota.

De los pueblos Cazcanes, El Teúl fue el único que, comprometido, participó tibiamente en el alzamiento, pues teniendo el mejor de los pe­ñoles, como lo testimonió Nuño de Guzmán, la Historia no menciona combate alguno en él; en cambio, sí da cuenta de luchas encarnizadas en los peñoles de Coynan (Tototlán), Nochistlán, Juchipila y El Miz­tón (a la vista poniente de Apozol).

Asimismo, por compromiso, El Teúl toma parte en la lucha deci­siva del Cerro del Miztón, en diciembre de 1541: “Luego los dos mil indios del Teúl, muy galanes, comenzaron a bajar por una ladera abajo, todos en ala, y fueron dando vuelta y rodeando el real del Virrey…; y se comenzó una escaramuza tan grande que puso al Virrey en harto aprieto…; y viendo que no herían con la flechería…, aprehendieron al Cacique y a otros muchos indios, y los que quedaron se subieron al Miztón. Y los que estaban en el peñol les preguntaron que a dónde que­daron el Cacique y los demás, y ellos respondieron: “Allá se quedaron con el Virrey y con nuestro amo Juan Delgado”.21

El simulacro, del que los españoles no estaban anticipados, por poco le cuesta la vida al Cacique. Al fin, “el Virrey se compadeció de él, y por sus buenas razones, le perdonó la vida y le envió a su pueblo con su gente, y mandó vestirle…; y luego se fue con su gente a su pueblo a po­ner en orden la que había quedado, porque con su tardanza no se alza­sen” .22

Este cuadro del Lienzo de Tlaxcala presenta a Nuño en su paso por Michoacán de donde siguió a lo que es Jalisco y pasando por el Teúl penetraría Naya­rit y Sinaloa. Vienen con él miles de mexicanos identi­ficados como “los caballeros águila”.

Una de las buenas razones que el Cacique debió alegar ante Virrey Mendoza, fue indudablemente la que en El Teúl manifestaron a los mensajeros del Miztón que acababan de ir a ese lugar, a Tepechitlán y a Tlaltenango a urgir la presencia de guerreros en el Miztón: “que ellos no querían guerra con los españoles, porque eran sus amigos y no les hacían agravios”. Otra se estaba palpando: ¿no eran todos testigos, entre ellos el Virrey mismo, de que su flechería a nadie había herido?

En el fondo de toda la cuestión, estuvo, sin lugar a dudas, la since­ridad con que, hacía poco, habían abrasado la fe cristiana, y ésta les im­pedía secundar una causa que llevaba envuelta la apostasía.

LA DERROTA

Narra el Virrey Mendoza: “Cada un día de los que tuve un cerco sobre ellos, les hice requerir y hablar que se diesen de paz al Protector y religiosos que iban conmigo, y al Lic. Maldonado, y a Miguel de Ibarra y a Cristóbal de Oñate, que los conocían. Y a todos respondían muy so­berbias palabras, y en ofensa de Nuestro Señor; y decían que no se osaban venir a las manos con ellos, y que también me desbaratarían, como a Cristóbal de Oñate; y persuadían con palabras a los indios amigos, que es­taban en mi real, que pasasen y juntasen con ellos.

“Y yo en persona fui a decírselo y a requerírselo con Fray Antonio de Segovia, que había sido guardián en Suchipila, que todos le conocían; los cuales me respondieron con más furor y con palabras más feas, y tira­ron algunas flechas.

Y, vista su rebelión y contumacia, se combatieron, y se prometieron ventajas, a los que primero subiesen y entrasen las albarradas, de esclavos y otras cosas. Y tomado el peñol por combate, y salidos los indios huyen­do, entretuve la gente de caballo que no los siguiese, porque no los mata­sen; de cuya causa, fueron muy pocos los que se tomaron, de los cuales se hizo el castigo de esclavos y se repartieron, como está dicho.

“Y allanado aquello, fui a allanar El Teúl y Tlaltenango, y a Jalpa y Apozol, donde vinieron alguna cantidad de indios de aquellos pueblos y de Mezquituta y de Yahualica, a los cuales recibí, aunque eran de los que habían estado encastillados en el dicho Miztón; y les mandé que estuviesen pacíficos en sus casas, y lo dijesen a todos los demás, y en servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad, y que, de allí en adelante, fue­sen buenos, y que conociesen que por sus locuras y desatinos les habían venido estos trabajos. Y esta es la verdad de lo que pasó cerca de lo de Suchipila y Miztón”.23

El secreto de la Pacificación

“Fray Antonio no quedaba conforme con los requerimientos, la lu­cha encarnizada le torturaba el alma, y después de orar fervorosamente a Dios, miró su hora de entrar en una lucha decisiva. Se presenta al Virrey y le habla profundamente persuadido de la victoria que había de reportar:”… ya ha corrido, señor, sus términos la justicia; bueno es que se le dé lugar a la misericordia; yo me obligo a subir y me prometo con la gracia de Dios buen efecto bajando a esos pobres seducidos… “

“No parecía prudente al Virrey aquel caritativo arrojo del misione­ro, que reafirma su decisión: ‘yo seré fiador de mi vida;… y el P. Fray Miguel de Bolonia también se ofreció a la empresa, y sin más que sus cris­tos, breviarios y bordones, subieron; y en día y medio bajaron seis mil indios con sus caciques, asentaron la paz y con el perdón quedaron hasta hoy sin resabio’.

“El Padre Fray Francisco Frejes nos señala un pormenor más, indi­cando que el Padre Segovia llevaba ‘una imagen de María Santísima de la Expectación, que siempre cargaba’ -’que cargaba en un nicho pequeño, y es la misma que hoy se venera bajo la advocación de Nuestra Señora de Zapopan, 24

La intervención del Padre Segovia, luego de la toma de la fortaleza y del estrago que se siguió, tuvo por fruto inapreciable que no murieran o quedaran hechos esclavos miles y miles de indios ahora prisioneros en un cerro al que no era fácil entrar y del que, en las circunstancias presentes, era imposible salir. Los seis mil que presentó, probablemente constituían apenas la décima parte. Los demás salieron al retirarse el ejército español.

¿Se ha pensado en que Fray Antonio de Segovia es tan benemérito de la Causa India, como lo son Las Casas, Garcés y Vitoria?

El Traslado de los Cazcanes

El año siguiente, 1542 -año del asiento definitivo de Guadalajara-, “estando ya poblados y quietos (los pueblos Cazcanes) y toda la tierra pacífica, el gobernador Cristóbal de Oñate nombró a los dos capitanes Miguel de Ibarra y Juan del Camino para que hiciesen entradas en el río de Juchipila y Miztón y en los demás valles comarcanos, y que, saliendo el uno, quedase el otro en guarda de la Ciudad; y lo pusieron luego en eje­cución, y a cuatro o cinco entradas que hicieron entre la nación Cazcana, los redujeron y sujetaron y volvieron de paz, de suerte que ya servían a sus encomenderos.

“Y para tenerlos más a mano y sujetarlos mejor, mudaron todos los más pueblos, y los pasaron de la otra banda del Río Grande; porque en el valle de Tonalá pusieron a Juchipila; en Zoquipan y Amatitanejo el Chico, el del Teúl; y camino de Ayahualulco, en Tepistlitanejo, el pueblo de Tepetitlán (Tepechitlán); en Ahuisculco a Tlaltenango; a Cuzpala en el valle de Mazatepec; a Apozol en Atlistac (Santa Anita), junto a T1ajo­muco. Pero después que se descubrieron las minas de los zacatecas (1546-­1548), se volvieron todos a sus pueblos antiguos, si bien algunos se queda­ron” .25

En un recuento de pueblos de encomienda hecho en esos años, se lee: “TEUL. En la Nueva Galicia. LVI. En Joan Delgado. Este pueblo tiene ciento y ocho casas y en ellas cuatrocientas y cuarenta y cinco per­sonas mayores y menores. Dan cada dos meses cuarenta… de zacate. La estancia de Micicicate tiene ciento y cuatro casas y en ellas cuatrocientas y veinte y tres personas; siembran una hanega de maíz y otra de frisoles y otras menudencias; están en tierra llana y buena; la gente sirve mal; tienen ocho leguas de largo y cuatro de ancho; con una Tlalte­nango y Suchipila”. 26

“1170.- Joan Delgado, dize:

“Que es vecino de Guadalajara y natural de la ciudad de Sevilla, e hijo legítimo de Francisco Morón y de Mariana Sánchez, y que á veinte y cuatro años que pasó a esta Nueva España, que es de los primeros conquistadores de la Nueva Galicia que fueron con Nuño de Guzmán, siguió a su costa; y que es casado y tiene hijos; y que tiene enco­mendados unos indios pobres y chichimecas, y con gran necesi­dad” .27

Sólo se sabe el nombre del hijo que heredó la encomienda: Juan. Este y su hijo Luis firman como testigos, el 27 de diciembre de 1585, el codicilo dictado en Tlaltenango por el cura beneficiado Miguel Lo­zano.28 En 1590, Luis, avecindado en Guadalajara, era arrendatario de la “estancia del Mezquital”.29 Al morir, la encomienda debió pasar a la Corona.

La Reanudación de la Evangelización

Recién pasada la Guerra del Miztón, Fray Miguel de Bolonia misio­naba en el sur de Jalisco, y “le envió a llamar Fray Antonio de Segovia, por conocerle que era varón santo y de su mismo espíritu y celo; y habiendo llegado a su presencia, le dijo en el convento de Tetlán, a donde ya estaba, que era cosa muy conveniente y del servicio de Nuestro Señor fuese a los pueblos de Juchipila, Nochistlán y a todos los demás que ha­bían sido conspirados en la alteración pasada, y que les asistiese para su consuelo, y en particular a los que eran bautizados y eran ya cristianos. El bendito Padre Fray Miguel respondió que estaba presto de obedecer, y le pidió le echase su bendición, con la cual, en Nombre de Dios, a pie y descalzo, cogió su camino para Juchipila.

“Desde este pueblo de Juchipila, administraba más de cincuenta le­guas de largo y cuarenta de ancho, a todos los indios que en ellas se conte­nían, andando siempre a pie, con un bordón en la mano y un poco de maíz tostado para comer, que éste era el mayor regalo de que usaba para el sustento de su trabajado cuerpo; porque de allí iba a Nochistlán, Jalosto­titlán, Teocaltech y todas aquellas provincias; y volvía por Jalpa, El Teúl, Tlaltenango, Sierra de Tepec hasta llegar a Zacatecas, en cuya demarca­ción había infinitos pueblos y gentes; y de allí daba otra vez la vuelta a Juchipila, para acudir a la manutención de aquellos indios, y cobrar aliento para volver a salir por otra parte. Que, en aquel tiempo, por ser po­cos, los religiosos tenían siempre este continuo trabajo”.30

Ginés Vázquez del Mercado 1552

“Los Oidores de Compostela trataron de restaurar lo conquistado en tiempo de Nuño de Guzmán, que se había alzado, y para ello enviaron al capitán Ginés Vázquez del Mercado, “valiente hombre, membrudo y muy amigo de cosas de guerra, el cual vivía en la ciudad de Guadalajara. Su mujer tenía minas en Tepic, de que sacaba cantidad de plata con que corría su fama y nombre”.31 Y formado su ejército con ilusionados, como él, por el hallazgo de minas, se lanzó a la aventura.

“Llegó a Tepic y, viéndose atajado, preguntando a los indios por mi­nas, le dijeron unos indios chichimecos de hacia Valparaíso que, la tierra adentro, en unos llanos grandes, había un cerro grandísimo, todo de plata y oro, que fuese allá… y habiendo llegado, hallaron que todo era nada, y pusieron al Cerro por nombre el Cerro de Mercado, que le dura hasta hoy; y por ir a buscarle, pasando por la mayor riqueza que ha habido en el mundo, dejando muchas minas para otros… de allí se volvió, perdida la esperanza”. 32

En Sombrerete, fue sorprendido una noche con su gente por indios de Sain. Le mataron algunos compañeros y él quedó herido. “Y si no fuera por un negro suyo, portugués, llamado Nicolao, que le echó un colchón encima, le acabaran… Y así tornó luego su viaje para El Teúl· o Tuich, pueblo de Juan Delgado, su compadre. Y la gente se le fue toda, quedando él muy corrido y apesarado de lo sucedido.

“De la pesadumbre y enojo que tuvo Ginés Vázquez del Mercado, de que se le hubiesen ido los soldados y de los malos sucesos, le dieron unas seguidillas de sangre en el pueblo del Teúl; y habiéndolo sabido su mujer, salió de la ciudad de Guadalajara a ver a su marido y curarle; y habiendo llegado, le hicieron algunos remedios y juntamente le dieron una purga recia, con que luego al punto murió. Lleváronle a enterrar al Convento de San Francisco del pueblo de Juchipila.

A la sección de protocolos del Archivo de Tierras y Aguas, de Guadalajara, debemos la conservación de las firmas de Juan y Luis Delgado, hijo y nieto del primer Juan, Conquistador y Encomendero del Teúl. Ellos fueron segundo y tercer Encomendero.

Convento en el Teúl

“Don Martín Henríquez, Visorrey e Gobernador e Capitán General por Su Majestad en esta Nueva España y Nuevo Reino de Galicia, y Pre­sidente de la Audiencia Real que en la ciudad de México reside, etc. Por cuanto soy informado que en el Nuevo Reino de Galicia hay gran falta de ministros que enseñen a los naturales en las cosas de Nuestra Santa Fe Católica, y que Dios Nuestro Señor y Su Majestad serán servidos de que se pueblen algunos monasterios de religiosos en el dicho nuestro reino y pro­vincias de él, y se entiende será mucha parte para la quietud y sosiego de los dichos naturales y su población y aumento de ellos;

“atento a lo cual y a lo que Su Majestad tiene proveído y mandado por una cédula real en que se manda haga fundar monasterios de religiosos en las partes y lugares donde me parezca convenir y haber falta de doctri­nas,

“por la presente, en su real nombre, doy poder y facultad al pro­vincial de la Orden de San Francisco del dicho Nuevo Reino para que pueda poblar y fundar una casa de religiosos de la dicha orden en el pueblo y parte que dicen El Teúl, en la dicha provincia;

“los religiosos de la dicha casa y monasterio entiendan en la conver­sión y doctrina de los naturales de dicho pueblo, y administración de los Santos Sacramentos a ellos y a los españoles que en la dicha parte de su co­marca hubiere, sin que en ello entiendan clérigos ni otros religiosos,

“y mando a cualesquiera justicias de Su Majestad en el dicho Nue­vo Reino y de otras partes den todo el favor y ayuda al dicho provincial para que la dicha casa y monasterio se funde y edifique, y no consientan ni den lugar a que en la dicha doctrina y administración de los Santos Sa­cramentos se entiendan otros sacerdotes clérigos o religiosos, sino de los dichos religiosos de la Orden de San Francisco que estuvieren en la dicha casa, que así ha de fundar y poblar, a los cuales se les haga todo buen tratamiento y sean favorecidos y ayudados. – Fecha en México, a los 15  días del mes de marzo de 1574 años. – Por mandado de Su Excelencia ­Juan de Cueva… 34

Visita del Convento

A fines de 1586, haciendo las veces del Padre Comisario General Fray Alonso Ponce, desde Guadalajara fue a visitar los conventos de Juchipila y El Teúl “un fraile viejo y muy honrado que había sido muchas veces definidor en aquella provincia… Se dirá en este lugar brevemente, según la relación que de ellos dieron al Padre Comisario General sus guar­dianes.

“El convento del Teúl (cuya advocación es San Juan Bautista) es una casita tan pequeña que no tenía entonces más de dos celdas muy rui­nes hechas de adobes, en las cuales moraban dos religiosos que allí resi­den. El pueblo es pequeño, que aun no tenía ciento cincuenta indios, y como otros tantos había entonces en lo restante de la guardianía, con­vertidos y de paz. Todos hablan la lengua Cazcana y caen en el obispado y jurisdicción de Guadalajara. Está El Teúl a ocho leguas de Juchipila, to­das de tierra de guerra, y diez y seis de Guadalajara, de camino áspero, aunque no muy peligroso. Con estos indios del Teúl conforman otros mu­chos infieles y gente de guerra, y otros algunos de paz, aunque no están convertidos. Por allí, por El Teúl, se pasa para ir desde Guadalajara a Za­catecas” .35

Descripciones de el Teúl

De Don Alonso de la Mota y Escobar, Obispo de Guadalajara, ha­cia 1600: “Diez leguas adelante (de San Cristóbal) está el pueblo de Tuich, de encomendero y doctrina de frailes franciscos que en él tienen su convento; hay doscientos veinte indios tributarios que tienen por granjería criar aves y sembrar maíz, que como este camino es tan pasaje­ro, tienen buena salida de ambos géneros; es de temple muy frío y sano, de lindas aguas y montañas, donde hay mucha suma de venados; es tierra fértil para labores y abundante de pastos para ganados; dándose muchas y buenas frutas de Castilla. – Dos leguas de este pueblo, está el de Tepe­chitlán, sujeto suyo, del mismo temple y granjerías; tendrá veinte ve­cinos”.36

Y del párroco de Tepic, Domingo Lázaro de Arregui (1621… se divide en dos este camino… y el que va a la izquierda, arrimado ya a la sierra grande, entra en la alcaldía mayor de Tlaltenango. Y los pueblos de esta jurisdicción son: El Teúl, San Lucas, Santa María… El Teúl y otros pueblecitos son doctrina de religiosos de San Francisco que residen en el Teúl.

“En esta jurisdicción hay algunas estancias de ganado, pero el ma­yor trato es de maíz y se deben coger en el distrito más de treinta mil fanegas cada un año, y lo más se consume en Zacatecas.”

“Junto al Teúl, como media legua, está un cerro que llaman el Toyche, que debe de tener una legua de alto, todo de peña tajada, con sola una entrada y ésa muy áspera y dificultosa, y en lo alto está un lla­no grande que tendrá una legua de box y hay en él mucho pasto, leña y agua, comodidad para sembrar maíz y sustentarse mucha gente, sin tener necesidad de valerse de las tierras de abajo; cosa que, en parte don­de son menester fortalezas, fuera de mucha importancia, y para este fin y por su maravillosa hechura es cosa muy de ver. ¡Gracias al Señor que hizo esta variedad para hermosear el mundo con la mesma materia de que fue formado”!37

Visitas Pastorales

En mayo de 1667, el Obispo de Guadalajara, Don Francisco Ver­dín de Molina, se hallaba en Tepechitlán practicando la Santa Visita Pastoral. De allí debía pasar a El Teúl, pero no lo hizo a causa de que el cocoliztli estaba haciendo estragos. En Tepechitlán visitó (revisó) los li­bros de administración de El Teúl, que le presentó su cura de doctrina, Fray Pedro Laureano. Después, el 3 de octubre inmediato, el Padre Ma­nuel Sarmiento y Mirueña, comisionado, hizo la visita formal.

En nueva Visita Pastoral por la región, el Sr. Verdín de Molina arribó a El Teúl, el 16 de enero de 1673. Lo recibió el mismo Fray Pedro Laureano. Al visitar el templo parroquial, encontró dos altares laterales, dedicado uno a Nuestra Señora del Rosario, y el otro a San Diego. Visitó el hospital de la Purísima Concepción e inspeccionó el libro de cuentas de la cofradía. Asimismo, ajustó las cuentas de los hospitales y cofradías de la misma advocación establecidas en Santa María y en San Lucas. El 17, confirmó doscientas veinticuatro personas de todas calidades; y sabiendo que la misa conventual de los días domingos era celebrada muy de mañana, y por esa causa faltaban a ellas muchas personas, ordenó, bajo penas que determinó en un decreto, se celebrara a las diez de la mañana, en verano, y a las once, en invierno.38

El siguiente Obispo de Guadalajara, D. Manuel Fernández de Santa Cruz visitó en TIaltenango los libros de El Teúl, en abril de 1676. Los presentó el guardián Fray Juan Flores. Y desde luego, advirtiendo que es­taban visitados por los superiores regulares, cosa prohibida por el rey, asignó para lo futuro una multa de cincuenta pesos, que se embargarían en las cajas reales (encargadas de pagar los sueldos eclesiásticos).

Halló correctos y debidamente examinados por el vicario juez ecle­siástico, párroco de TIaltenango, los libros de las cofradías del Teúl y Santa María; y faltando para ésta ornamentos, dispuso que del ganado de la cofradía se vendieran novillos y vacas viejas, cuidando a la vez de adquirir tantas vacas nuevas, cuantas fueran las vendidas viejas. Mandó abrir nuevos libros para las cofradías, encabezándolos con los decretos de su antecesor el Sr. Verdín de Molina, los que deberían guardarse como constituciones.39

Templo Parroquial Anterior al Actual

Fuera de duda que el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe tenía otra denominación y era templo parroquial. Prueba al canto: sobre la puerta de entrada se halla la escultura de la Purísima. Y fue templo parroquial desde el siglo XVII hasta bien entrado el XIX. Tuvo excelente retablo con dos colaterales.4o La construcción del templo y del convento se debieron a la “instancia y solicitud del R. P. Fray Luis Lozano, guar­dián que fue y cura mucho tiempo” (1687-1694), del R. P. Santiago y de Fray Juan Partida, lo mismo que de Fray Gabriel García.41

 

El Fundo Legal del Pueblo

Don Juan Manuel Salceda comisario del juez privativo de Tierras Don Francisco De Feijoo Centellas, de la Audiencia de Guadalajara, midió el fundo legal, destinado a casas, corrales y solares, el 23 de octubre de 1714. Lo constituía un cuadrado de cinco mil varas por lado y por centro la iglesia del lugar.

Desde ella, se midieron hacia el oriente cincuenta cordeles de cin­cuenta varas, hasta el lugar llamado Mesta, donde se puso mojonera de pie­dra; luego, del centro hacia el norte, cincuenta cordeles, hasta el puesto lla­mado Mameca; cincuenta cordeles al sur, que terminaron en la Loma del Zapote; y cincuenta al poniente, rematados en el puesto que llaman Te­siese. En cada lugar, una cruz.

Para fijar las esquinas del cuadro: desde la cruz poniente, cincuenta cordeles al sur, al puesto llamado Soyatán; cien al oriente· hasta Atapanoca o Agua Pasada; cien al norte, a una loma frente al Caquiste; cien al ponien­te hasta La Cantera; y para cerrar, cincuenta cordeles hasta la cruz ponien­te. “Con lo cual quedó este Pueblo en Cruz y Cuadra, como de la medida se percibe, asistiendo a ellas los Alcaldes, Principales y Común de él y todos los citados”.

Reconocimiento de 1733

El Lic. Fernando de Urrutia, Oidor decano de la Real Audiencia de la Nueva Galicia y Juez Privativo de Tierras, comisionó a D. Francisco Javier Zesati del Castelu, vecino de Tlaltenango, para el reconocimiento del fundo y tierras solicitado por los actuales Alcaldes.

El reconocimiento del fundo se hizo el 21 de abril de 1733. Asis­tieron al mismo el Teniente General Don Juan González de Riestra, los Alcaldes Simón de Rivera y Sebastián Bernabé, “Principales y más Común del Pueblo y todos los citados, partes interesadas y circunvecinos”.

En 1714, Simón Vázquez y Francisco Diego, Alcaldes, Cristóbal de la Cruz y Lorenzo Agustín, Regidores, y demás Común y Principales presentaron al Comisario Salceda los títulos del sitio de ganado menor nombrado Tepachoque, y la labor llamada Cachita; el primero despachado por el Presidente y Oidores de la Audiencia, el 13 de noviembre de 1568, y el segundo por el Lic. Feijoo Centellas, el 17 ·de octubre de 1689, estando practicando Visita en Tlaltenango.

Situadas estas tierras al norte del pueblo, en lindes con las tierras de los Naturales del Pueblo de Santa María, Salceda pasó a medirlas e hizo constar la inclusión del Caquiste y Los Taraes. Estuvieron presen­tes Felipe Jacobo, Alcalde del Pueblo de Santa María, Juan de la Cruz, Diego Agustín y todos los demás Principales, el capitán Antonio Román y todos los circunvecinos.

Salceda, que tenía orden de reconocer las tierras realengas, declara no haberlas al norte, y, en cuanto a las del oriente, estar las del capitán Antonio Román, Juan Diego y Bartolo de Rivera”. Las había solamente “hacia los vientos del poniente y sur”; por lo que, desde la esquina sur poniente del fundo del pueblo, se midieron dos leguas y medio sitio hacia el sur, Hasta seis leguas antes de Huitzila, donde los Naturales del pueblo tienen su cofradía (el terreno), con capilla, casas y corrales.

De la mojonera sur, se midió al oriente hasta “el camino real que viene de la ciudad de Guadalajara para Zacatecas, en El Astillero; y desde allí para el norte hasta El Agua Pasada. Dentro de estas medidas quedaron dos sitios y medio de ganado mayor, “y tienen dentro de ellos dichos Naturales (del Teúl) legua y media todo de milpas y barbechos. Y asimis­mo quedó para el poniente un sitio de ganado mayor, perteneciente a Su Majestad, en el puesto nombrado Cuencamé, que también poseen los Natu­rales… quedando dentro de esta medida el puesto nombrado Tolimica Yaticuata”.

Ahora, en 1733, a petición de los Naturales, Zesati del Castelu midió nuevamente estas tierras, el día 22 de abril, y, rogado, midió igualmente un pedazo de tierra realenga junto al sitio de Tepachoca, en la mojonera del Taray, y por escrito pidieron los Naturales no se les midiese los realen­gos llamados Chaquinita, Xacotita, Ahuetita, Patitos y Blanco, por áspe­ros, inandables e inservibles. Cruz Cortés, Bartolomé de Rivera y Luis de Benavides testimoniaron la pacífica y quieta posesión por los Naturales del Teúl, “de mucho tiempo a esta parte”.

Al remitir las diligencias al Juez Privativo de Tierras, Zesati expresó que esas tierras realengas, cuya composición pedían los Naturales del Teúl, no podían valer cuarenta pesos, como opinó Salceda, porque equi­valían a “un cuarto de sitio de pan llevar”.

La Real Merced y su Titulación

“En la ciudad de Guadalajara, a cuatro de septiembre de mil sete­cientos treinta y tres, el Señor Licenciado Don Fernando de Urrutia, del Consejo de Su Majestad, Oidor Decano de la Real Audiencia de este Reino de la Nueva Galicia y Juez Privativo Superintendente General de ventas y composiciones de tierras de su Distrito, el de La Vizcaya y Provincias Subalternas:

“Habiendo visto estos autos y en ellos las diligencias y medidas que practicó, con comisión de este Juzgado, Don Juan Manuel de Salceda, por octubre del año pasado de setecientos y catorce, en razón de la Medida, Reconocimiento y Apeo de las tierras que, por realengas, denunció Loren­zo de Beas, a lindes del Pueblo del Teúl y pueblo despoblado de San Pedro, en que dicho Comisario parece procedió arreglado al despacho de su Comi­sión y con citación de los circunvecinos las referidas diligencias, asentando haber hallado en todos los realengos nueve sitios y medio, los seis en los puestos y parajes pretendidos por dicho Lorenzo Beas, y los tres y medio restantes en los parajes nombrados Mameca, Tolimic y Aticuata, tierras po­seídas y pobladas por los indios de dicho Pueblo del Teúl, en cuyo estado parece remitió el Comisario las diligencias, y en el mismo se quedaron, hasta que el día siete de julio del año próximo pasado, parece ocurrieron el Común y Naturales de dicho Pueblo a este Juzgado pidiendo que, por la personas que Su Señoría nombrara, se procediera a reconocer los referidos tres y medio sitios que poseían los suplicantes, para que, constando de su ubicación y términos, pudieran ser admitidos a composición con Su Majestad.

“En consecuencia de lo mandado por auto de siete de febrero del año pasado de setecientos y quince, proveído por el Señor Juez Privativo Lic. Don Francisco Feijoo Centellas (el mismo en que se hizo merced a dicho Lorenzo Beas de siete sitios de los arriba expresados), que asimismo reconociese las más tierras que le señalarían estar poseyendo, para que en todas se verificase la composición que pretendían;

Este cuadro del mismo Lienzo de T1axcala repre­senta la agresión al Peñol del Teúl que aparece aquí con el nombre de Tonanican, Casa de Nuestra Madre, cuya figura se ve en el ángulo superior. Los comba­tientes indios parecen ser “los caballeros tigres”.

“visto el Despacho que se confirió a Don Francisco Javier Zesati del Castelu, para que procediese a practicar las diligencias que se previ­nieren en las tierras que dichos indios expresan estar poseyendo; las que. en su virtud, practicó el susodicho, con citación de los circunvecinos, en que asientan estar concordes las señas y mojoneras expresadas por el dicho Comisario Salceda, en los tres sitios y medio que dichos indios po­seen, los dos y medio a lindes de su Pueblo, y el otro sitio restante a los propios lindes por el poniente, en el puesto llamado Cuencamé, todos de ganado mayor, y haber medido asimismo otro jirón de tierra realenga, de que dichos indios alegaron posesión entre sus tierras por el norte, y el sitio de Tepachoca, en que el Comisario asienta comprenderse seis caballe­rías;

vistas las Informaciones que de oficio y de parte se recibieron por ambos Comisarios del avalúo de dichas tierras, y sobre la inmemorial que de ellas gozan dichos indios, con lo que sobre todo informó a Su Señoría dicho Comisario Zesati, y demás que consta y convino ver:

“Dijo que aprobaba, y Su Señoría aprobó, las referidas medidas ejecutadas por dicho Comisario Don Francisco Javier Zesati, y, en su con­secuencia, declaraba y declaró por realengos pertenecientes al Real Patri­monio los tres sitios y medio de ganado mayor y seis caballerías de tierra, reconocidos en las partes y parajes de que queda hecha mención, por ser conformes a las que practicó dicho Comisario Salceda, y haber justificado los Naturales de dicho Pueblo del Teúl, bien y cumplidamente, el derecho de posesión que a dichas tierras alegaron.

“Y en su conformidad, usando Su Señoría de su privativa jurisdic­ción, admite a dichos Naturales a composición con Su Majestad en los sobredichos tres sitios y medio de ganado mayor y seis caballerías de tierra, haciéndoles, como desde luego les hace, merced de ellos en su real nombre y sin perjuicio de su Real Derecho ni el de otro tercero alguno que le tenga mejor; con que, por esta gracia, sirvan a Su Majestad con treinta y siete pesos y cuatro reales y su media anata.

“Y mandaba y mandó que, constando estar enterados en poder del Tesorero estos efectos, se les despache Título en forma con inserción de la Real Cédula Comisional de Su Señoría, Capítulo Cuarto de la Instruc­ción del Real y Supremo Consejo de las Indias, Diligencias de medidas de ambos Comisarios, Salceda y Zesati, y este auto, todo a la letra, y en rela­ción lo demás que procede de los de esta materia, quedando sentado en el Libro de Asientos de este Juzgado, en la forma ordinaria.

”Así lo proveyó, mandó y firmó. Lic. Urrutia. – Ante mí Don Manuel de Mena, Escribano Real”.42

Subsidio Obligatorio al Rey

Al final del primer cuarto de este siglo XVIII, el rey de España logró del Papa un subsidio para la lucha contra los moros, prestado por el clero y las cofradías de los dominios españoles. Se agenció con inter­mitencias que llevaron casi a la mitad del siglo, como vamos a ver.

“En el Pueblo de San Juan del Teúl, en diez y ocho días del mes de septiembre de mil setecientos cuarenta y siete, yo el Notario Público de esta jurisdicción, de orden del señor Vicario Juez Eclesiástico de ella, en el día de ayer, que se contaron diez y siete del corriente, después de Misa Mayor, estando presente dicho señor Vicario, hice notoria la Real Cédula de Su Majestad y Breve de Su Santidad, que está por principio de estos Autos, para la recolección del subsidio impuesto sobre las ren­tas eclesiásticas, al M. R. P. Fray Buenaventura Báez, Cura Ministro de Doctrina de esta feligresía, a los mayordomos de las cofradías y hospi­tales de los Pueblos de su distrito, Alcalde y demás que para este efecto estaban prevenidos; y para ello se les leyeron dicho Breve y Real Cédula de verbo ad verbum; y, oído y entendido, puestos todos de pie y desto­cados, con la veneración debida, dijo dicho R. P. Cura, con los demás concurrentes, que obedecía y obedeció los superiores preceptos de Su Santidad y de Su Majestad, y que, en su obedecimiento, estaba pronto a todo lo que se previene. Esto dio por respuesta y lo firrnó con dicho Sr. Vicario, de que doy fe. – Ignacio Salmador. – Fray Buenaventura Báez. – Ante mí, Juan Díaz de Naredo, Notario Público”. (Rúbricas).

TASACIÓN – “El R. P. Fray Buenaventura Báez Cura Ministro de Doctrina de esta feligresía de San Juan del Teúl, manifestó de obven­cionario accidental doscientos y cincuenta pesos cada año, poco más o menos. Se le regularon de subsidio, anualmente, quince pesos y cuatro reales.

La cofradía y hospital de este Pueblo de San Juan del Teúl tiene ochocientas diez y siete reses de hierro arriba; cuarenta y nueve caballos mansos; ciento veinte y una bestias rejegas; diez bueyes mansos, nueve bestias mulares, diez becerros y veinte y nueve borregas. Se le regularon de subsidio, anualmente, diez y seis pesos y seis reales.

La cofradía y hospital de Santa María del Teúl tiene trescientas diez y ocho reses, ciento y catorce bestias caballares mansas y rejegas, tres bestias mulares y cuatro burros. Se le regularon de subsidio, anual­mente, trece pesos y dos reales.

La cofradía y hospital de San Miguel de esta Doctrina tiene dos­cientas cuarenta y tres reses, sesenta y nueve rejegas, diez caballos man­sos, diez y ocho bueyes mansos y veinte y dos borregas. Se le regularon anualmente de subsidio cuatro pesos y dos reales.

“En cuyo estado y cuenta se finalizó la regulación del subsidio que anualmente deben pagar las cofradías y demás bienes eclesiásticos de esta Doctrina de San Juan del Teúl; y, según parece, importa en cada un año cuarenta y nueve pesos y seis reales. Y para que conste lo firmó Su Mer­ced el Sr. Vicario, de que doy fe. – Ignacio Salmador. – Ante mí, Juan Díaz de Naredo, Notario Público., 43

Ultima Visita Pastoral en el Siglo

En 1754, tuvo verificativo la última Visita Pastoral en el siglo XVIII. La hizo Fray Francisco de San Buenaventura Martínez Díez de Tejada, Obispo de Guadalajara. Confirmó novecientas noventa y seis personas. El padrón que le presentó el Cura Ministro de Doctrina, Fray Joaquín Ciprián de Rivero, enumeraba mil doscientos veintitrés feligreses.44

(sin imagen)

Fotografía de una acta de bautismo de 1650 fir­mada por Fray Diego de Velasco. La anotación del margen, dice: “Juan del tlaxilacal (estancia) de San Miguel de este pueblo”. De lo que se conserva en el archivo parroquial esta acta es la primera del libro más antiguo.

(IMAGEN NO PRESENTE)

Venta para Pagar el Tributo

“En el Pueblo de San Juan Bautista del Teúl, en once días del mes de abril de mil setecientos ochenta y ocho, los Alcaldes viejos Damián y Do­mingo Ramos y los nuevos que entraron con los viejos y demás Común y Escribano Antonio Lozano, decimos que: respecto a hallarnos apurados por el real tributo de Su Majestad, le vendemos a Don Florentino de Ro­bles, vecino de este dicho Pueblo, un pedazo de tierra que se compone de veinte y ocho varas pegadas al corral del dicho señor, que por el norte lin­da con tierras de solar de Antonio Herro, y por el sur con la calle, y por el oriente con tierras del dicho comprador; las que vendimos en cuantía de veinte y ocho pesos, que es su justo valor, que, si más valen o valer puedan, le hacemos gracia o donación mera, perfecta e irrevocable, que el Derecho llama inter vivos, y cuya venta ratifican por la gran virtud que hacemos dando los veinte y ocho pesos para completar el real tributo de Su Majestad. Y en conformidad de haberlos recibido a toda su satisfacción los arri­ba dichos, para que como suya propia hacienda con este título gocen de ella, como a bien tuvieren, renunciando como expresamente renuncian el remedio de los cuatro años en que se repiten los engaños, la Ley y Regla de Ordenamiento Real fecho en la Corte de Alcalá de Henares, las de no entrego, prueba y paga del recibo, como en ellas se contiene, las de las mancomunidad, sus municipales y las demás del favor. Para lo cual el pre­sente Vale Extrajudicial que en todo tiempo estamos prontos los referidos arriba a otorgar la correspondiente escritura, para su mayor constancia, siendo los costos de la cuenta del comprador. Y para que conste lo firmamos en dicho Pueblo, día, mes y año, siendo testigos Don Agustín Muñoz Ogazón, D. José Antonio Pérez y Don Urbano de Robles, presentes y vecinos de dicho Pueblo. – Por mandado de los Acaldes y demás Común y Principales de este dicho Pueblo. – El Escribano del Pueblo, Antonio de los Santos Lozano (rúbrica). – De asistencia – Agustín Muñoz Ogazón. – De asistencia – Joseph Antonio Pérez. – Joseph Urbano de Ro­bles”. (Rúbricas) 45

        En su minuciosa monografía del Partido de Sán­chez Román, el Ing. Juan Ignacio Matute hace una ex­ploración detenida del Cerro del Teúl y encuentra esta figura que no era posible fotografíar en 1880; la dibuja, por eso, tratando de reproducirla fielmente.

Antigüedad Conocida de Familias Teulenses

Núñez (1671) – Cortés (1681) – Castañeda (1684) – Vargas (1681) – Sandoval (1694) – Román (1713) – Del Muro (1729) – Varela (1739)- De Robles (1736) – Hipólito (1748) – Caloca (hacia 1750) – Cervantes (hacia 1750) – Castro (1754) – Félix y Arellano (1754) – Flores (1756) – González (1756) – Mercado (1756) – Arellano (1768) – Ve­lázquez (1770) – Correa (1781) – Muñoz de Ogazón (antes de 1800) ­Barrera (hacia 1800) – Villegas (hacia 1800).46

Curas Ministros de Doctrina

1648 Fray Melchor Rivera

1650 Fray Juan de Velasco

1651 Fray Francisco Osorio

1652-1653 Fray Juan de Soto

1654-1655 Fray Juan de Castro

1658

1659-1661 Fray Antonio de Zamora

1662-1664 Fray Francisco Jimena

1665-1673 Fray Pedro Laureano

1673-1674 Fray Diego Díaz de Nava

1674-

1681 Fray Felipe Montes

1683-1685 Fray Pedro Volero

1686

1687-1694 Fray Luis Lozano

1695-1700 Fray Juan Partida

1700-1711 Fray Toribio de Olmedo

1711-1715 Fray Antonio de Aguilar

1715-1717 Fray Félix Núñez

1717-1718 Fray Diego Romero

1718-1719 Fray Antonio Aguilar

1722-1724 Fray José Bernárdez

1724-1736 Fray Antonio de Aguilar

1737-1739 Fray Pedro Briceño

1739-1749 Fray Bueanaventura Báez

1748

1772-1777 Fray José Gutiérez (int.)

Fray Francisco Pazos (int.)

Fray Manuel María Marentes (int.)

1777-1780 Fray Simón Sánchez

1780-1784 Fray Manuel Ballesteros

1784-1790 Fray Antonio M. Covarrubias

1791-1799 Fray José de Haro 49

Notas: para quienes tienen la edición impresa, estas referencias son hacia la paginación, que no aplica en esta propuesta digital.

(Ver Bibliografía)

1 Orozco y Jiménez, p. 208.

2 Tello 11-1, p. 27.

3 Tello ib. p. 190.

4 Castro Pallares.

5 García Villoslada-Montalván, p. 32.

6 López Portillo y Weber, 1 p. 130.

7 Crónicas p. 43.

8 Crónicas p. 46.

9 Crónicas pp. 46-48.

10 Bravo Ugarte, pp. 19 y 20. 11

Cuevas p. 161.

12 Ochoa p. 24.

13 Tello 11-1, p. 190.

14 Tello ib. pp. 205-206

15 Tello ib. p. 317.

16 Tello ib. pp. 315 y 317.

17 Palomino y Cañedo pp. 165-166

18 Tello ib. pp. 316-317.

19 Tello ib.

20 López Portillo y Weber. 21

21 Tello II-2, p. 319.

22 Tell ib. p. 320.

23 Pérez Bustamante p. 164.

24 Ochoa pp. 32 Y 34.

25 Tello 11-2 p. 344.

26 Del Paso y Troncoso p. 271.

27 Icaza p. 266.

28 Palomino y Cañedo pp. 162-164.

29 Palomino y Cañedo p. 103.

30 Tello 11-2 pp. 333-334.

31 Tello ib. p. 446.

32 Tello ib. p. 449.

33 Tello ib. pp. 450-451.

34 Villaseñor Bordes p. 118-119.

35 Ciudad Real p. 98.

36 De la Mota y Escobar pp. 132-133.

37 Arregui pp. 116-118.

38 Vázquez del Mercado, Alfredo. Notas tomadas en el archivo parroquial de San Juan Bautista de El Teúl.

39 Archivo del Arzobispado, Libro de Visitas del Sr. Fernández de Santa Cruz. 57 r y 62v.

40 Benítez p. 83.

41 Ornelas p. 21-22.

42 Archivo de Instrumentos Públicos de Guadalajara, Título del Teúl (Libro 19 de Tierras y Aguas, Expediente 49).

43 Archivo del Arzobispado, Exp. de la materia.

44 Vázquez del Mercado, Notas.

45 Archivo Vázquez del Mercado, copia mecanografiada.

46 y 47 Vázquez del Mercado, Notas. (Este notable genealogista totati· chense murió el 29 de diciembre de 1974).

Bibliografía

Archivo de Instrumentos Públicos de Guadalajara.

Archivo de Arzobispado de Guadalajara.

Archivo Parroquial de San Juan Bautista de El Teúl.

Archivo Vázquez del Mercado.                 .

Arregui, Domingo Lázaro de – Descripción de la Nueva Galicia. Sevilla, 1946.

Benítez, José R. – Álbum del Cuarto Centenario del Obispado de Guadalajara, Guadalajara, 194R.

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Castro Pallares, Salvador – La Epopeya del Tepeyac, 1931.

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López Portillo y Weber, José – La Conquista de la Nueva Galicia, Talle­res Gráficos de la Nación, México, 1935.

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Omelas, Fr. Nicolás de – Crónica de la Provincia de Jalisco, Guadalajara, 1941.

Orozco y Jiménez, Francisco – Colección de Documentos Inéditos o muy Raros referentes al Arzobispado de Guadalajara, Guadalajara, 1921 (1).

Palomino y Cañedo, Jorge – Los Protocolos de Rodrigo Hernández Cor­dero (1585-1591), ed. del Banco Industrial de Jalisco, Guadalajara, 1972.

Pérez Bustamante, Ciríaco – Don Antonio de Mendoza, Santiago, 1928.

Tello, Fr. Antonio – Crónica Miscelánea, Guadalajara, 1968 (11-1) y 1973 (11-2 ).

Villaseñor Bordes, Rubén – La Inquisición en la Nueva Galicia (Siglo XVI), Guadalajara, 1959.


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4 comentarios

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