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El Ataque de Rojas

b)   El Ataque de Rojas

Después de las fiestas de la Independencia y cuando podía esperarse un período de paz, no muchos años después, aparece la lucha violenta de liberales y conservadores y la pasión enardecida de unos y otros hace retemblar el suelo patrio. Por entonces se registra en el Teúl el episodio sangriento del ataque de las tropas de Antonio Rojas, cabecilla liberal, que se ensañó horriblemente contra los moradores de este lugar.

Francisco Varela Álvarez en sus Apuntes Histórico, habla de esta embestida en la siguiente manera:“El Teúl quedó casi destruido el año de 1860 en plena guerra de Reforma, por la guerra fratricida entre liberales y conservadores, encontrándose por desgracia en tan aciaga época ambos partidos aquí en el Teúl; el jefe del Partido Liberal fue don Víctor Suárez, y el jefe del Partido Conservador fue don Severiano Sandoval que sostuvo un fuerte ataque al Teúl el mes de enero de 1860, por el jefe chicano Rojas quién atacó con furia a los conservadores que se sostuvieron durante nueve días en la altura del templo parroquial. 

Los atacantes eran 900 y lograron vencer a los conservadores por la ayuda que prestaron los liberales del vecino pueblo de Tlaltenango. 

El sanguinario Rojas amenazó con incendiar el templo parroquial, habiendo dado orden de que metieran dentro de él maderas y muebles para incendiarlo, si no bajaban de él los del Partido Conservador, que eran 200, los cuales al fin descendieron del templo y se entregaron al enemigo, siendo pasados por las armas; aun se llegó a fusilar a gentes pacíficas  al grado de diezmar la población. Corrió la sangre en abundancia, fueron quemadas casi todas las fincas del centro de la población. Todas estas escenas tuvieron lugar al lado oriente del templo parroquial donde se cavó una fosa para dar sepultura a tantos cadáveres”. 

Al parecer algunos teulenses no estuvieron de acuerdo en los nombres que ofrece el relato de don Francisco Varela. Se llegó a afirmar, por ejemplo, que el jefe que sostuvo a lo menos por algún tiempo el ataque de Rojas, fue don Santos Carrillo. En la recopilación de datos históricos que recogió de todos los pueblos del norte de Jalisco y sur de Zacatecas el señor Alfredo Vázquez del Mercado, dejó escrito el testimonio de don Roque y don Enrique Varela quienes atestiguaron por noticia que ellos tuvieron de que, el jefe que en grado heroico defendió nuestro pueblo de  las furias de Rojas, fue precisamente don Severiano Sandoval.

Lo refiere Vázquez del Mercado en resumen de datos esenciales de esta manera: “En enero de 1860, el general republicano Antonio Rojas, aliado con don Jesús Sánchez Román, atacaron el Teúl, defendido por el jefe conservador don Severiano Sandoval quién murió en el combate, en la azotea del templo. Hubo una carnicería espantosa que precisó abrir grandes vallados para sepultar a los muertos”.

Una relación más explícita y llameante es la del escritor Regis Planchet quien, sobre documentos a veces del mismo bando liberal y con una fuerza y vehemencia con la que un muralista revolucionario hubiera pintado estas escenas, describe aquel doloroso episodio en la historia del Teúl:

“En los días 26 y 27 de enero de 1860, este paladín republicano (Rojas), apoyado por una fuerza de mil bandidos, atacó la Villa de San Juan del Teúl, en Zacatecas, defendida por los trescientos vecinos de esta población quienes rechazaron cuatro veces a los sitiadores hasta que sucumbieran a la superioridad numérica de éstos. Durante los tres días que siguieron a la toma de San Juan del Teúl, Rojas, escribe Vigil, (J. M. Vigil, en su libro La Reforma), el mismo según el cual la causa liberal no fue manchada con la sangre de ningún enemigo vencido, Rojas cometió los más atroces atentados. 

Sus bandidos violaron públicamente en las calles a todas las mujeres que encontraron, arrastrando a muchas de ellas al templo para ser ahí deshonradas. 

El presbiterio se convirtió en establo de caballos, las albas (ornamento sacerdotal) se dedicaron para camisas de las meretrices que acompañaban a las chusmas; y los demás ornamentos, después de haber sido puestos por algunos léperos que se burlaban de lo más sagrado, sirvieron de sudaderos de sus caballos. 

Saqueado el templo, Rojas quiso incendiarlo; y son este fin mandó acopiar cuanta leña pudo conseguir, ordenando que el joven criado del señor cura fuera quien ejecutara tan horrible iniquidad. Con la sencillez  propia de su corazón y de su edad, el joven manifestó que él jamás quemaría a su madre la Iglesia, y en el acto fue fusilado por esta contestación. 

Muchas personas se habían refugiado en el curato creyendo que ahí tendrían más seguridad. Rojas mandó  desnudarlas de todos sus vestuarios que adjudicó a los verdugos y después los hizo fusilar. 

Entre las 160 personas fusiladas (Alejandro Villaseñor, Estudios Históricos) hubo varias mujeres ancianas y aun niñas que no tenían ni cinco años de edad, y que fueron sentenciados a muerte por el solo hecho de invocar a Dios o a los santos, o por no querer dar vivas a la Constitución y mueras a la religión. 

Fue tanta la sangre derramada en esta ocasión, que el patio del curato se convirtió en lago de sangre, siendo preciso abrir un caño para que ésta pudiera salir para la calle. 

Rojas buscó por todas partes al señor cura; y furioso por no encontrarlo para ejecutar en él sus crueldades, mandó sacar los ojos al perro que era del sacerdote dejando vivo al pobre animal. 

Antes de salir de San Juan del Teúl, saqueó todas las casas, quemó todo lo que no pudo robar y se llevó las esposas e hijas de sus víctimas para entregarlas a los sátiros y bandidos que lo acompañaban. 

Pocos días antes Rojas había cometido los mismos crímenes en La Estanzuela. Los vecinos de este pueblo, sin armas casi todos ellos, se defendieron heroicamente hasta que Rojas logró entrar en la plaza fusilando a cosa de cien personas con los dos únicos sacerdotes que había en el pueblo.” 

Conviene hacer memoria de los datos que se dejaron en el capítulo relacionado con las diferentes etapas de construcción  del templo parroquial. Según lo que allá  se anotó, al tiempo del feroz ataque a la población era cura del lugar don Bernardo Fernández quien, por cierto, en alguna de sus comunicaciones menciona a don Víctor Suárez que aparece acá como Jefe del Partido Liberal del pueblo, por haberse apoderado, el sacerdote no sabe en qué forma, de una de las propiedades del curato donde estaba establecida la escuela de niños.

Allí se hizo mención del cuadro desolador que dibujó  a sus superiores eclesiásticos el Sr. Cura Fernández, en un estado de ánimo que ahora podrá explicarse por los continuos ataques, la zozobra, la amenaza constante que debió ensañarse contra él cuando estaba gestándose en parte y en parte viviéndose ya el encarnizado embate contra el clero y los bienes de la Iglesia.

Cinco años pasaron de todos estos atropellos relatados por Regis Planchet con tanta vivacidad para que en la relación de bienes y estado de la iglesia y sus objetos de culto, dejara don Bernardo Fernández la enumeración que dimos en páginas anteriores y que deja saber con cuánta esplendidez y belleza se había reconstruido ya el templo y se le había dotado de imágenes y ornamentos.

Con menos encarnizamiento y sin otros móviles que los de la destrucción de la Iglesia Católica, resintió el Teúl, apenas un año después, el ataque de las huestes de Manuel Lozada, “El Tigre de Alica” que merodeaba por aquí desde las barrancas nayaritas en lucha por la reivindicación de los campesinos en su derecho a la tierra y en un nivel más digno de vida.

Cuauhtémoc  Esparza Sánchez, en su estudio acucioso e interesante sobre El Corrido Zacatecano, hace una sumarísima referencia de este hecho que tuvo lugar cuando Lozada desató una campaña por el suroeste zacatecano.

Dice que el día 17 de agosto de 1861, 200 hombres de Lozada, bien armados, atacaron San Juan Bautista del Teúl cuyos defensores en número igual, al mando ahora del jefe liberal, don Víctor Suárez hicieron frente a los levantados y resistieron el ataque por algunas horas; impotentes para mantenerse frente a los lozadistas, tuvieron que abandonar la población.

No se sabe más acerca de este ataque ni de crueldades que hubieran cometido en el pueblo los soldados de Lozada, que venía vengando a los corifeos liberales que tanta sangre derramaron. Se sabe, en cambio, que Manuel Lozada amenazó tomar la plaza de Zacatecas en un reto público que apareció en1859 en un periódico de Guadalajara y que ahí mismo anticipó entre ejecuciones que serían consumadas por él, las de “los Sres. Jesús González Ortega y José María Sánchez Román”. (Esparza Sánchez cita para este incidente El Bandido Lozada, La Sombra del Robespierre, Zacatecas, lunes 18 de abril de 1859. T. I. núm. 49, P.4).

El hecho de que no se guarde aquí detalle ni recuerdo sobre la entrada de Manuel Lozada y sí terroríficos en grado sumo del ataque de Rojas, hacen ver la saña infernal de este último contra nuestro pueblo.

 

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