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Gentes de Trabajo

Ya que hemos intentado una evocación de la vida de aquella alta sociedad, los hombres y los nombres que componían el mundo aquél de exquisita indolencia, es preciso procurar ahora, el hacer diario de los hombres de trabajo, y quiénes llegaron a distinguirse en un campo y en otro por su dedicación, por su habilidad, por el esfuerzo que hicieron en superarse y salir de una situación económica más estrecha, con aquel trabajo, aquella artesanía.

Puede decirse, que en los primeros años de siglo, El Teúl, como la mayoría de los pueblos, tuvo de todo; formó un pequeño universo, que se bastaba así mismo, con hombres de trabajo, hábiles e industriosos, para hacer cualquier cosa. Por aquel tiempo, se perfilaba ya el gusto particular, que llegó a tenerse aquí y a alcanzar alguna fama de la región, por la talabartería. Maestros muy cuidadosos, con un buen gusto, bordaban sillas de montar, espuelas y chaparreras, que lucían aquellos hombres en días de fiestas y en lances de charrería, que alcanzó por entonces notable esplendor.

Otra habilidad que acaso pudiera llegar a merecimiento  o título de artesanía, fue el trabajo de alfareros, que aunque no se dedicaba a fabricar piezas de adorno propiamente, si tuvieron empeño en perfeccionar su trabajo en la elaboración de ollas, cántaros, jarros, cazuelas, apastes, platos y hasta macetas de barro, con adornos delicados y acabados de mucha finura y con unos vidriados verdes, amarillos o rojos, que convertían aquellas piezas, de un común objeto doméstico, en una obra de buen gusto y de innegable belleza.

Los nombres de aquellas gentes de trabajo, que se distinguieron por una destreza especial en su oficio, los tomaremos de una recopilación de datos, aportados hace muchos años por Don Pedro Mercado, entrevistado por el ahora Sr. Cura Nicolás Valdés y con la relación proporcionada por Don Indalecio Chávez Luna.

En el trabajo de la herrería, se mencionan en aquel entonces, los nombres de Candelario Herrera, Mateo Corona, Rafael y Atanasio Fragoso, los Tovar, Don Celso, Don Simón y Don Ángel.

Los carpinteros más destacados, fueron D. Librado González, muy perito en incrustaciones de madera, Domingo Luna, Esteban Bañuelos, Isidro Caloca, Daniel Cervantes, Carmen Campos, Jesús Nájera, Francisco Alcalá, Ignacio García, Silverio y Jacinto Luna, Tranquilino Flores, Magdalena y Trinidad Llamas, a quien configura Don Indalecio, como “muy derechito él y muy aseadito”.

Los alfareros de quienes tuvimos mención, fueron Don Herculano, Mariano y Antonio Rodríguez, quienes además, según dato que consignó Don Pedro Mercado, eran especialistas en abrir norias y pozos de lazo, con tino muy notable, para detectar dónde había corrientes subterráneas de agua. Pablo Díaz, Jesús Vera, Jesús Correa y Don Julio Rodríguez, que fue muy conocedor en cuestiones de apicultura, así como Don Juan Talamantes.

Los zapateros del pueblo, a principios del siglo, Atenógenes Hipólito, Maclovio Hipólito, Luz Rojas, Don Marcelino Escobedo, papá de Don Pedro Escobedo, Francisco Vargas, Irineo García, Pedro Zesati, Manuel Gurrola, y Leocadio Bañuelos. Ya esta actividad, no se desarrolla aquí, nos dice Don Indalecio, con cierto desencanto: “todo lo traen de las capitales”.

Cuando el servicio telegráfico era toda y llenaba funciones de gran valía en el aislamiento que tuvo el pueblo, el ser telegrafista, representaba una profesión, en la que destacaron por entonces, Don Ignacio Ramírez, Don Eduardo Villegas, Don J. Luz Miramontes, Don Vicente Haro, Don José Campos, Don Ezequiel Guzmán y Don Santiago Rodarte.

La pléyade de maestros y maestras, que actualmente representan uno de los títulos que ennoblecen el nombre de nuestro pueblo, en la región, responde a una herencia y al claror de muchos distinguidos maestros, que desde principios del siglo, fueran estimados y reconocidos en el medio. Entre ellos, se menciona a Don Víctor Arellano, D. Jesús Arellano, D. Jesús Campos, los tres con título correspondiente y el último con el grado de Capitán primero de Caballería y de Ingeniero Topógrafo; Don Isaac y Don Esteban Magallanes, Don José María Godoy, Carmen y José Campos, Carmen Hipólito, Ma. Refugio Ramírez, Leandra Vargas, Ma. Guadalupe Bustamante, maestra de la Universidad de Sacramento, Cal., Gabriela Chávez, Anita García, Santos Ávalos. María Correa, Agripina Ortiz, Ma. Refugio Muñoz; y entre todos ellos y en fecha más anterior, la Profra. Beatriz González Ortega, muy allegada al Gral. Jesús, que probablemente, inició su actividad magisterial en éste lugar y llegó a destacar nacionalmente, por su clara visión en la actividad docente y por las sugerencias y estudios auspiciados por la SEP, para impulsar la educación en México. Nació el 12 de octubre de 1873 y murió en la ciudad de México, el 3 de septiembre de 1965.

Como personajes de relevancia política, pueden ser mencionados, el Lic. D. Tomás Ignacio Robles y su hijo D, Adolfo Robles Castillo, a D. Lauro G. Caloca, de quien dice Don Indalecio, que fue periodista muy combativo y una figura destacada en el proceso de la Reforma Agraria, de los tiempos de Soto y Gama y Vasconcelos, llegó a Senador de la República y muchos de sus discursos, tuvieron resonancia y significación positiva en la cuestión agraria. Se menciona también a un Sr. Inés Castillo y entre los Diputados al  Congreso del Estado, a los señores Isaac Magallanes, Jesús Campos, Isidro Caloca, Eduardo Villegas, Amado Castañeda y más recientemente, al Lic. D, J. Guadalupe Cervantes Corona, Diputado al Congreso del Estado, Diputado al Congreso de la Unión y luego Senador de la República, Actualmente, en campaña Política, para la Primera Magistratura del Estado.

Hubo entre nosotros, quien se dedicara a la pintura, alcanzando en algunos casos reconocida excelencia. Se mencionan entre quienes han dedicado en mayor o menor forma a esta actividad, a D. Bonifacio Cervantes, conocido con el sobrenombre de “El Cóngora” que murió en Guadalajara en 1934; D. Benito García, D. Catarino Rodríguez, quien alcanzó bastante perfección y últimamente a D. Reginaldo González, D. Amado Bañuelos y D. Néstor Arellano.

Entre las personas que se dedicaron al trabajo de la cera, cuyas cosechas llegaron a tener alguna importancia, por el número de apiarios, sobre todo en rancherías de la Sierra, se tienen los nombres de Doña Menonita Ramírez, D. Domingo Ramírez y D. Antonio González, que dio Don Pedro Marcado y los que aporta Don Indalecio Chávez: Doña Feliciano González, Don Juan González, Doña Susana Bañuelos…Por cierto, que aquí recuerda Don Indalecio Chávez, que había muchos Juanes González y que para distinguirlos a unos de otros, se les decías así: Juan González-Casa Blanca, Juan González-la Cuchilla, Juan González-La Rata, Juan González-la Zorra, Juan González-la Madrina y Juan González-el Mocho. 

Obrajeros que hilaba la lana en un proceso largo y primitivo y que elaboraban frazadas vistosas, gruesas y bien tramadas, Hipólito y Darío Luna, Doña Bernardina Arellano Gutiérrez, Juan Enríquez, Benito Villarreal y Nemesio, su hermano. Don Indalecio, se acuerda de Don Darío Luna y dice: “Le decían Darito; era muy amante del trago; casi siempre…”

Las gentes que construyeron el pueblo, que lo construyen cada día en su actividad laboral, en sus inquietudes de progreso, no pueden trastocar el alma del Teúl, cifrada en su perfil arquitectónico…”Cincuenta veces es igual el ave…” 

Los panaderos, por cierto hábiles para elaborar un pan muy exquisito, particularmente, cuando se trataba de aquel tipo de pan denominado “fruta de horno”, fueron: Don Camilo Vela, Don Benigno Cervantes, Don Silverio Vela y Doña Ignacia Campos, a la que mencionó Don Pedro Mercado, como especialista en “semitas”.

Ésta relación de gentes, que han destacado por su trabajo, su oficio, su profesión y el noble papel desempeñado en el servicio de la comunidad, no puede pasar por alto, a los militares más destacados. Entre ellos, ocupa un sitio principal, la dinastía de Los Caloca, con Don Manuel y sus hijos, Pedro, Ignacio, José Manuel y Enrique Caloca; el Gral. Trinidad Cervantes, el Gral. de Brigada D. Simón González Sandoval, que según  se decía, fue amigo íntimo del Gral. Cárdenas, el Coronel D. Juan González Sánchez, D. Wintilo Rodríguez Caloca, que fue reconocido Ingeniero Militar, José Rodríguez Caloca, Coronel Refugio Castañeda, Coronel J. Jesús Gutiérrez, Capitán J. Refugio Varela, Don José López Sandoval.

La relación de Médicos, va a resultar seguramente incompleta, si queremos dar razón de todos los Médicos prominentes, que en las últimas generaciones, han realizado  actividad muy destacada en instituciones de servicio social y en la atención particular de su clientela, en todas las ciudades de México, y aún fuera de él. Entre ellos están el Dr. Alberto Sandoval Vaca, Rafael Gutiérrez Caloca, Dr. Artemio Miramontes (veterinario), el Dr. Porfirio Villegas Luna, Dr. Rigoberto Robles, Berta Sandoval, Ramón Rivas Castro, Gabriel Castro Mercado, Javier Pinto Castro, Francisco Cortés Arellano, María Arellano López, María Luisa Pérez Castañeda, Constanza Berumen, Guadalupe Carrillo Castro, Rafael Ramírez Castañeda, Salvador Grey Chávez, actual encargado del Centro de Salud del Teúl.

Don Indalecio, quiere agregar a esta lista, los nombres de aquellos prácticos en medicina, cuando en los tiempos más difíciles del Teúl, prestaron servicios inapreciables, validos de su audacia, de su empeño de ayudar y  a veces, de una disposición natural, que les permitió realizar el ejercicio médico, casi siempre con excelentes resultados; entre éstos “Médicos Cirujanos” estuvo Don Paulino Rodríguez , D. Irineo Llamas, D. Filiberto Alatorre, D. Néstor Arellano, D. Valentín Haro, D. Epigmenio Sandoval (célebre por sus humoradas y desplantes), D. Emilio Rivas (amante de la búsqueda de tesoros ocultos), D. Alberto Chávez (interrumpió la carrera), Sixto Hipólito González (con mucha fama en la comarca), hijos del primero, Justo y Paulíno Rodríguez, (Cirujanos de fama) y Juan Rivas.

Los sacerdotes del pueblo, forman también un número elevado y representan otro título de singularidad, entre los habitantes de este lugar. Su ideal de servicio a los demás, les hace destacar en el común del vecindario. En ésta relación, han intervenido con datos biográficos, el Sr. Cura Nicolás Valdés, Don Pedro Mercado y Don Indalecio Chávez:

Jesús Flores, nació el 5 de julio de 1845, ordenado el 25 de febrero de 1875. Juan Rodríguez, nació el 27 de septiembre de 1854; ordenado el 1o. de julio de 1883. Murió el 6 de octubre de 1906. Sabás Caloca, nació el 5 de diciembre de 1858, ordenado el 23 de diciembre de 1888, murió el 20 de marzo de 1900. Ricarday Indalecio, nació el 31 de marzo de 1860, ordenado el 4 de mayo del 1884, Antonio Luna, nació el 13 de julio de 1860, ordenado el 30 de mayo de 1885, murió el 14 de diciembre de 1892. Ponciano Arellano, nació en noviembre de 1859 y murió el 25 de marzo 1886, J. Isabel Flores nació el 26 de marzo de 1866 y fue ordenado el 26 de julio de 1896 y muerto el 21 de junio de 1927, en Zapotlanejo,  Jal.

Sigue la lista de Sacerdotes, con datos de Don Pedro Mercado: Leocadio Arellano, que fue Cura de San Blas, Nay. D Martiniano Lamas Rosales; fue escribiente en el Teúl, antes de ser Sacerdote. Le decían aquí por apodo “el muerto fresco”. D. Arcadio Luna, de Arroyo Hondo, nació el 12 de enero de 1860, ordenado el 24 de febrero de 1883 y murió el 10 de mayo de 1933. Fue Cura de Tenamaxtlán, Atengo y de Jesús María. Le decían por sobrenombre “Don Pacomio”. Zacarías Ramírez, Nemesio Rivas, de Milpillas; Pomposo y Agustín Caloca. José Isabel Flores, nacido en 1895 y sacrificado en la persecución religiosa, el 21 de junio de 1925, en Matatlán, de la jurisdicción de Zapotlanejo. Entre los contemporáneos: Jesús Sandoval, Rafael Haro, Inocencio Berumen, Esteban Vera, Enrique Sandoval, Juan Rodarte, Simón Robles, Everardo Arellano, Isidro López, Indalecio Muro y un Sacerdote de apellido García.

Entre los Sastres, deben ser mencionados, Tiburcio Vera, Carlos Pinto, Miguel Nájera, Fortunato Pinto, Romualdo Flores y Pedro Cervantes.

Entre los Talabarteros, al Gral. J. Trinidad Cervantes, en su juventud; a Simón Ramírez, a Trinidad Castañeda, a Pedro González y a Gabino Ortiz.

Entre los Curtidores, Don Victoriano Castañeda, Don Mateo Bañuelos, Bruno Lozano y sus cuatro hijos; Manuel y José Castañeda. Los señores Pudenciano y Teódulo Robles, originarios de Jalpa, Zac. Establecieron y ampliaron mucho, la industria de la curtiduría y la talabartería.

Polvoristas, Telésforo Rosales, Antonio Rivera e hijos.

Ladrilleros, los hermanos Juan y Aureliano Carrillo, que también desempeñaban el oficio de Matanceros.

Peluqueros, Dagoberto Mayorga, padre e hijo, Daniel Gutiérrez y Jesús Mayorga.

Calígrafos, D. Isaac Magallanes y D. Vicente González.

Mecánicos y Relojeros muy hábiles, Simón Tovar y Esteban Llamas.

Albañiles y Canteros, J. Cruz Flores, Ignacio y Reyes Nesta, Alberto Bañuelos, Sixto Hipólito, Pedro Hipólito, Bonifacio, Cirilo, Cruz y Jesús Mayorga.

Sombrerero, D. Silverio Vela.

Especialista en Dulces, Nieve y Fruta de Horno, Néstor Arellano.

Fotógrafos, Cleto Lamas, Salvador Chávez y Rafael Haro.

Impresor, Alfredo Varela.

Charros, Lazadores y Coleadores, Ignacio Robles, Prisciliano González, Isauro y J. Luz González, Darío Martínez, Antonio Robles, Manuel Caloca, J. Isabel Gómez, Úrsulo Larios y Jesús Godoy.

Por anticipado, quedan consignadas aquí, las excusas más cumplidas por la omisión involuntaria de muchas personas, que deberían integrar esta relación y cuyos descendientes hubieran querido, como nosotros, fueran mencionados en esta lista. Bien, se supone que en el recuento de teulenses, que han destacado en las numerosas ramas del saber y del hacer, tendrían que escapar a la memoria de quienes compusieron esta lista, muchos nombres y hombres.

Un párrafo especial para D. Aurelio Villarreal, ahora rico comerciante, a nivel internacional, establecido en San Francisco, California, que alcanzó grado relevante en el Ejército Norteamericano y participó como Soldado de aquel país, en el 23o. Regimiento, en acciones y misiones muy delicadas de la Segunda Guerra Mundial.

Tenemos a la vista certificados, condecoraciones, comunicaciones, testimonios y reconocimientos del Congreso de los Estados Unidos, otorgados al Sr. Villarreal, modesto vecino del Teúl y en aquellas latitudes, encumbrando merecidamente por su valiente y heroica participación en los lances a que hace mención cada uno de  estos documentos.

En sus mocedades, dieron a D. Aurelio Villarreal el mote de “El Pito”, debido según parece, a la buena disposición con que se prestó, a dar aire, al órgano mayor de la parroquia en aquellos fuelles, que se movían por medio de una palanca, que tenía que accionarse con mucha fuerza. Algún incidente, cuando se descuidó de mantener el debido volumen de aire, para que aquellos enormes tubos metálicos, resonaran con la grandiosidad que tenía este órgano, dio lugar a la expresión del organista D. Evaristo Miramontes o D. Herlindo Bañuelos: “ándale, muévele que se apaga el pito”, originó el sobre-nombre, con que recuerdan las personas mayores, a éste distinguido coterráneo.

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