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Guerra de Independencia

a)   Guerra de Independencia 

Igual que en la generalidad del país el levantamiento de los insurgentes, originó en estos pueblos el mismo asombro, y en principio, el mismo rechazo hacia el desorden, los riesgos y la inseguridad que el tal movimiento trajo consigo.

Con lo dicho no se quiere decir que México no alentara la aspiración de su independencia; este anhelo vivía en el corazón del pueblo y no se perdía coyuntura para manifestar de algún modo esa legítima ansiedad.

El levantamiento auspiciado por don Miguel Hidalgo, según las manifestaciones que llegaron a estos rumbos no pareció sino una algarada y un motín de gente sin organización ni respeto. Traían consigo un sentimiento de venganza y el propósito de trastornar las estructuras sociales y económicas.

Los integrantes del grupo de insurgentes estaba formado preferentemente de jóvenes, de buen número de mujeres y en general de personas que carecían de toda formación. Era el suyo un desbordamiento apasionado, sediento de venganza, contra aquel orden social y político que pretendían trastocar.

En lógica reacción, todos estos pueblos vieron con verdadero temor la cercanía del movimiento y trataron de repeler con todos los medios a su alcance la acción de los insurrectos, no porque no quisieran la Independencia, sino porque entendían que de aquellas chusmas de hombres frdslmsdod no podía resultar nada bueno..

Hay una comunicación del Sr. Cura don Norberto Pérez, dirigida al Sr. Obispo Cabañas de Guadalajara en la cual le da noticia del rumbo que ha tomado por estos pueblos el levantamiento de insurgentes, mencionando a un tal Cañas que debió acaudillar a los combatientes.

Se puede encontrar en este documento de extraordinario interés, la actitud de repudio que se guardó hacia la insurrección, el tipo de gentes que componían por esta región el movimiento libertario, y desde luego la crueldad inaudita con que fue sacrificado el caudillo del grupo.

Este es el tenor de la carta, cuyo original se encuentra en el Arzobispado de Guadalajara:

“Ilmo. Sor. Don Juan Cruz Ruiz de Cabañas

Ilmo. Sor. Ya tengo comunicado a V. S. Ilma. la persecución y dispersión que los patriotas de Bolaños, San Martín y parte de los de Totatiche hicieron al cabecilla Cañas quien había agavillado consigo para acercarse al Río de Bolaños, a los pueblos de San Sebastián, San Andrés  y Sta. Catarina; éstos, experimentando en sí mismos, las inquietudes del perverso cabecilla, se le comprometieron al comandante de Bolaños a perseguirlo hasta su aprehensión.

Lo han cumplido, pues oi mismo me escribe el Sor. Cura de Bolaños que fue muerto Cañas por dichos indios, pillados ocho más y unas  treinta mujeres y muchachos. La cabeza la mandaron al pueblo de Jesús María donde está el teniente don Manuel Campos con su estaca-mento perteneciente al cuerpo de Colotlán y una mano al mismo Bolaños. Y me asegura el dicho Sor. Cura que es tanto el empeño y entusiasmo que han tomado aquellos indios que no dejan barranca, arrollo o sierra, que no escoltean como tan útiles para ello, con lo que ya están gozando  y se prometen una gran tranquilidad y es cuando por ahora tengo que comunicar a V. S.

Dios Nuestro Señor guarde la importante vida de V.S.I. muchos años. Teúl julio 25 de 1813.

José Norberto Pérez.

Don Elías Amador, en su Bosquejo Histórico de Zacatecas, da cuenta de los encuentros de insurgentes y realistas más sonados que se registraron en Zacatecas, basado en parte en la relación de don Lucas Alamán y en parte en documentos del Archivo de Zacatecas que consultó. En todo ello sigue apareciendo la fuerza tempestuosa del grupo insurgente, las depredaciones y excesos que cometían y las crueldades y venganzas de los realistas.

Todo marcha así hasta que los acontecimientos toman el viraje que ya se  conoce y entonces “el Intendente de Zacatecas dirigió excitativa a las autoridades subalternas de la Provincia, invitándolas a adherirse  el Plan de Iguala y a prestar el juramento respectivo”.

El mismo don Elías Amador, ofrece los datos que corresponden a la solemne ceremonia que tuvo verificativo en el Teúl el día 25 de julio de 1821; da la información sumaria del desarrollo de las festividades que tuvieron lugar en cada pueblo, de los honores, salvas y aclamaciones que se hicieron a Fernando VII, cuyo busto como en Fresnillo, estuvo expuesto durante  tres días en los balcones de las Casas Consistoriales iluminadas intensamente, y en su turno, da noticia de lo que aquí se hizo:

“El día 25 en San Juan del Teúl. Era Alcalde don Manuel Mercado y Comandante de las armas don Rafael de Lamas. En un altar donde estaba colocado el busto de Fernando VII se tomó el juramento. Concluido el acto, la tropa, pueblo y autoridades pasearon el retrato de Fernando VII en medio de vivas, cohetes y repiques”.

Y el mismo don Elías que debió conocer testimonios vivos de lo que significó el desenlace de aquellos años interpreta los sentimientos populares en la siguiente manera:

“Estas demostraciones fueron la expresión espontánea de los deseos de un pueblo cansado de sufrir los rigores de una guerra sin cuartel, que dejaba los hogares sumidos en la orfandad, en el luto y la desolación; que abría los horizontes de un lisonjero porvenir y que endulzaba con risueñas esperanzas la vida de este pueblo tantas veces envilecido y engañado por astutos y tiránicos dominadores”.

 

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