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Los Pueblos Viejos

a)   Los Pueblos Viejos Aunque ya se hizo composición del lugar, señalando las circunstancias geográficas que rodean al Teúl, conviene descender a algunas particularidades de los pueblos y rancherías de su comprensión. Por razón de antigüedad deben ser mencionados en primer lugar, San Lucas, San Miguel y Santa María. El primero de estos pueblos se tiende en un valle muy blando, en la parte sur-poniente del municipio, y luego de haber recorrido las llanuras infinitas de Florencia: aire de montaña, limpieza de horizonte y unos pinares apretados, de una fronda olorosa y negra de tan verde. Esta es seguramente la parte más hermosa de la región. Su altura sobre el nivel del mar sobrepasa a los dos mil metros; esto y la inaccesibilidad en que se había mantenido, hizo que se conservaran las excelencias naturales de esta tierra en su esplendor primigenio. A la fecha hay caminos de terracería entretejidos por la espaciosa meseta, aparecen pequeñas rancherías y empiezan a tenderse cercados de alambre en una parte y en otra impidiendo el paso libre y feliz que antes se tenía. Hay también aserraderos que en forma despiadada y sin control de técnicos forestales están acabando los bosques de esta región que no hace muchos años todavía pudo ser “casi el paraíso”. Caminando por aquella dilatada extensión, pastos y arboledas, arroyos de agua zarca y una gran variedad de flores, va a llegarse hasta el pueblecito de San Lucas, que contemplado desde la loma ofrece a la vista un caserío pobre y desparramado alrededor de la pequeña iglesia que ya desde lejos muestra las líneas de su noble arquitectura. El día de nuestra visita de reconocimiento venía pardeando por los cerros del contorno una llovizna terca que nos impidió disfrutar a gusto de aquel paisaje. Las viviendas de adobe, techos de terrado, se ahogaban en un hierbal alto de mirasoles en flor. Los moradores desocupados entretenían el tedio de la lluviosa mañana, en grupos, por el patio de la escuela, frente a un tendajoncito de abarrotes, en las afueras de la capilla, observando puntualmente todos nuestros movimientos, con mirada que pudo ser de curiosidad simple pero que también parecía desconfiada, hostil. La capilla a cuyo frente pudimos acercarnos braceando entre el hierbal mojado, ofrece un trabajo exquisito en el labrado de sus canteras, en los adornos de su puerta magnífica y el ventanillo del coro, sobre cuya clave aparece la fecha de la edificación de este templo, año de 1771, uno antes de que se comenzara a construir la actual parroquia del Teúl. Hay elementos decorativos de buen gusto y excelente acabado que corresponden a un barroco moderado y sobrio. Esta iglesia, por su fachada, tan armónica, de labraduras tan finas, podría lucir con mucho decoro en la misma capital del Estado a tono con las magníficas iglesias de Zacatecas. Este pueblo e San Lucas, doctrina de los franciscanos que estuvieron en el Teúl hasta mediados del año de mil ochocientos, fue desde entonces un núcleo de indígenas muy cerrado; no tuvo comunicación ni mezcla de sangre con los demás pueblos del contorno; y esta misma actitud muestran todavía, hacia todo aquel que no es parte de ellos. Abandonada, con su techumbre a punto de desplomarse, esta capilla muestra en su fachada un testimonio muy bello de la importancia que tuvo San Lucas, uno de los pueblos más antiguos de la región. En un estudio muy minucioso que hacia 1880 hicieron los ingenieros Matute, padre e hijo, del Partido de Tlaltenango, mencionan el pueblo de San Lucas como uno de los que “tienen todavía en comunidad algunos terrenos sin haberse repartido ni el valor ni el terreno, lo que trae el gravísimo inconveniente de que todos quieren disfrutarlos y nadie cuidarlos, de manera que es un germen constante de disputas y pleitos y un amago para la pacífica posesión, pues esta clase de propiedades no estando acotadas por medio de cercas o reconocidas mojoneras, tienen una extensión indefinida, cuyos linderos varían según el parecer de los invasores”. Probablemente esta forma de propiedad comunal que tuvieron los indios de San Lucas desde el  tiempo del gobierno colonial, propiedad que en el decir de los ingenieros Matute era generalmente de “un sitio de ganado mayor o sea, una legua cuadrada, en donde pudieran fabricar sus casas y tener sus pocos ganados”, dio lugar a pugnas, choques y amenazas. Luego dieron ellos en invadir terrenos ajenos del contorno, especialmente las calles de la Hacienda de Guadalupe que debió tener  su mayor esplendor a finales del siglo pasado… Todo esto encontró solución legal con el reparto agrario que se hizo a raíz de las modificaciones constitucionales para estatuir el reparto de tierras. De esta manera resultó San Lucas el primer centro ejidal de toda esta región, con la delimitación y otorgación de parcelas a todos los indígenas de este lugar, que con esta circunstancia más se aislaron entre ellos mismos, pues a su natural retraído se agregó desde este hecho la prevención y rechazo con que fueron vistos por los agricultores de todo el rumbo, como expresión de una amenaza latente sobre sus propiedades, como una facción de gentes incondicionales a las consignas del gobierno. Y por cierto hubo razón para este sentimiento adverso pues las autoridades se sirvieron de estos indígenas como punta de lanza para presionar y para impresionar al vecindario del Teúl, en la Revolución Cristera y después de ella hasta que se silenciaron completamente los ánimos. Detalle del exquisito trabajo en piedra que ha resistido el paso de los siglos, el abandono y la incuria en esta capilla que muestra en una inscripción la fecha 1771, año en que se edificó. Un grupo muy numeroso de agraristas de San Lucas, con sus mujeres y su prole, tomó posesión del curato y del templo parroquial; y después, del Santuario y sus dependencias, dejando todo aquello en las condiciones de suciedad, de destrucción, humo, basura y desechos de toda índole que pueden imaginarse, después de que las familias de estos indígenas abandonaron los lugares mencionados. Por lo demás, se entiende el conflicto interior en que debieron vivir estas gentes, de un catolicismo enraizado en antigüedad de siglos, cuando fueron centro importante de evangelización; luego llevados por el gobierno a luchar contra los creyentes y éstos localizados a un paso, en el pueblo de Florencia que fue semillero de cristeros.. Y todo eso, por el compromiso contraído en el pedazo de tierra que se les había entregado. Sólo pensando en la angustia que vivieron estos indígenas de natural sencillo y bueno, se comprende por qué ahora todavía se muestran desconfiados, huraños y a veces francamente hostiles con cuanta persona ajena a ellos se acerca hasta su pueblo. Tendrá que planearse una acción delicada y sincera de parte de las autoridades y de los vecinos de todos los pueblos circunvecinos, para hacer entender a los moradores de San Lucas que toda situación de violencia, de animadversión, ha quedado muy lejos y que hoy debemos integrarnos en un mismo ser armónico y cordial. En el otro viento, hacia el oriente, está el pueblo de San Miguel con una antigüedad semejante a la de San Lucas, y también de mucha importancia en tiempos de la evangelización, como centro doctrinero de los franciscanos. El pueblo de San Miguel se compone también de un caserío de viviendas que va descendiendo sobre las faldas de la loma en cuya cima se edificó  la capilla también de cantera rosa, pero con mucha sobriedad y llaneza. Apenas se señalan las pilastras de lo que iba a ser la torre que quedó inconclusa y se mantiene así desde hace siglos. Probablemente la capilla exista desde antes de mil setecientos pues una inscripción en el techo de vigas de madera, asienta que el techo fue reconstruido en 1757 y ya se sabe que la madera antigua cortada según reglamentaciones muy estrictas de madurez y de condiciones del tiempo, tenía una duración que a veces sobrepasaba a los cien años. Si en 1757 se vuelve a poner el maderamen del techo, se puede pensar que las vigas originales correspondieron aproximadamente a los mediados del mil seiscientos. En las mismas vigas de ahora se da noticia de una segunda reposición del techo casi siglo y medio después, en 1899, y ya entonces la madera de calidad inferior, hace necesaria una tercera renovación hacia 1965, esta vez “a iniciativa del Sr. Cura Filiberto García, del Padre Francisco García, cura del Teúl y capellán de Santa María de la Paz, bajo la dirección del señor Irineo Godoy Campos”. También en San Miguel se formó un centro ejidal con tierras que pertenecieron a la Hacienda de Pinoscuates, próxima a este antiguo poblado. Al tiempo en que se hicieron lotificaciones y desmembramiento de las haciendas para repartir la tierra, era dueño de Pinoscuates don Gabriel Ayala Landero quien alcanzó a vender todavía, legalmente, importantes extensiones del fundo; así vendió el casco y las mejores tierras a un señor J. Refugio Lara; don Ignacio Álvarez, del Teúl compró la parte que correspondía a San Miguel. De estas propiedades, ya había una buena porción en trámite de reparto ejidal, pero don Gabriel consiguió que se respetara su compromiso de venta a don Ignacio Álvarez, reponiendo el terreno solicitado con otras extensiones que entregó por el rumbo de San Pedro. Ahora buena parte de las tierras que quedaron comprendidas dentro de lo que pertenece a San Miguel son tierras ejidales, y sólo lo que compró don Ignacio Álvarez queda en calidad de pequeña propiedad,  repartido entre don Magdaleno Meléndez, originario de Juchipila, Zac. y asentado en San Miguel desde hace unos treinta años, quien nos proporcionó los datos, don Isauro González, don Prisciliano Sánchez y sus hijos y herederos. El hecho de que estén mezclados entre sí los dos sistemas de posesión de la tierra, no da lugar aquí a controversia o pugna de ninguna índole. Unos y otros se dedican a los suyo en santa paz. San Miguel, titular de la iglesia, según la usanza y devoción tan arraigada de los españoles, apenas si tiene en el templecito, sobre la parte más alta del retablo una imagen demasiado primitiva e imperfecta, y una carita de tosca hechura, por mano indígena tal vez, en la clave del arco de entrada a la capilla. El nicho principal tras su conveniente vidriera es ocupado por una imagen de mucha veneración en aquellos rumbos, más antes que ahora, conocida con el nombre de Nuestra Señora de San Miguel. Al hablar de la antigüedad de esta imagen, el Padre Luis Enrique Orozco dice que su origen se remonta a la mitad del siglo XVI, cuando vino a hacerse cargo del Convento de San Juan Bautista del Teúl, Fray Luis Lozano que fue Cura de la Doctrina del Teúl por muchos años. Explica que “a instancia, solicitud y cuidado del dicho Padre, se fundaron cuatro Hospitales de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, con sus respectivas Cofradías del mismo título, en los pueblos de San Juan Bautista del Teúl, Santa María, San Lucas y San Miguel”. Cita al Padre Tello quien escribiendo en 1653 sobre el Convento del Teúl habla de estos hospitales: “Son tres los pueblos de Visita que son San Lucas, Santa María y San Miguel y en todos hay hospitales… donde se curan enfermos y se hospedan los pobres pasajeros…” Esta es la capilla de San Miguel cuya construcción, al parecer, se emprendió con mucho ánimo; luego decayó el entusiasmo, los trabajos se hicieron de mala gana y con materiales más corrientes; al fin dejaron la torre comenzada. Esta imagen cautivó profundamente el corazón de nuestros antepasados y con la veneración que le guardaron, por las festividades solemnes y rumbosas que organizaron en su honor, por la costumbre de traerla cada año al Teúl, tuvo San Miguel el nombre y la importancia que no alcanzó el pueblo de San Lucas. Dice el Padre Luis Enrique Orozco, citando al Padre Tello y al Padre Nicolás Ornelas que después que se asentó el Teúl en la llanada que hoy ocupa, empezaron aquellas gentes a decir que escuchaban extraños ruidos como saliendo de la cueva del cerro, y que por las mañanas, encontraban huellas de animales que entraban a la cueva, como leones, tigres, caballos y También hombres y mujeres. Tanto era eso que Fray Miguel de Bolonia subió hasta la cueva y llevando un crucifijo, velas y agua bendita, conjuró el lugar. De pronto cesaron aquellas manifestaciones extrañas, pero al tiempo, desde el siglo XVIII al XIX dice también el Padre Orozco, comenzaron a formarse en el lado del cerro, culebras o trombas de agua, con tempestuosos huracanes que amenazaban destruir el pueblo. Y explica que acongojado el pueblo por los signos maléficos que se cernían sobre él, discurrió invocar a Nuestra Señora de San Miguel, estableciendo desde entonces la costumbre de traerla antes de la fiesta del Corpus para regresarla a su santuario de San Miguel a fines de noviembre, pasado ya el temporal de lluvias. En cuanto a la descripción de la imagen misma, nos atenemos a los datos del Padre Luis Enrique: “La imagen es pequeña, pues sólo tiene 35 cms. de altura. El cuerpo está formado por un cono de madera que se asienta sobre un cuadrito de madera que le sirve de peaña. Los brazos son de lienzo de lino, como los tienen las imágenes antiguas y las manos son de madera. Imagen de Nuestra Señora de San Miguel que el Cango. Luis Enrique Orozco se embelesa describiendo. El rostro es agraciado y de facciones finas, de forma un tanto oval, de color moreno, con las mejillas sonrosadas. Es de presumir que la hayan retocado y entonces le pusieron ojos de vidrio, aunque ahora muestra el párpado del ojo izquierdo completamente comido o caído. Tiene la nariz recta, la boca breve, los labios cerrados y rojos”. (Hace poco tiempo le fue retocado el párpado maltrecho, aunque habrá de decirse que la restauración no fue del todo satisfactoria). Sigue Luis Enrique Orozco: “La visten de ricas telas de seda, brocado o tisú de oro y plata, con túnica blanca ceñida a su cintura por un cíngulo con borlas de oro y con el manto azul que le pende de los hombros y lleva muy extendido por delante y con cauda por detrás. Lleva las manos juntas ante el pecho y cuentan que el Sr. Cura del Teúl, D. Ramón Vélez, muy amante y devoto del Santísimo Rosario, fue quien se lo coloco entre sus manos, y exigió a los fieles, muy impropiamente como se ve, que intitularan a  la V. imagen, Nuestra Señora del Rosario de San Miguel; mas el pueblo se hizo el desentendido y la sigue llamando simplemente Nuestra Señora de San Miguel”. Acerca del origen de la imagen no se tiene ningún dato cierto, aunque lo más lógico es pensar que fue traída por los misioneros de la época, como trajeron otras varias imágenes que se veneran en las iglesias de la región; entre éstas, por ejemplo, una imagen de la Inmaculada Concepción de María que por mucho tiempo tuvieron arrumbada en Santa María de la Paz y algún suceso prodigioso, fuera de lo natural, hizo que se le volviera a dar culto. No ha faltado en todo esto la ingenuidad piadosa, la leyenda que surge espontánea como flor campestre, y aroma con su sencillez y su gracia las documentales relaciones de los historiadores de fondo. A propósito del origen de la imagen de San Miguel, contaba doña Tomasita Ochoa de Grover, una historia tierna que no tiene otra base histórica que el nombre del arroyo que pasa cerca del poblado y que sigue llamándose como en el tiempo del relato, arroyo del Agua Santa: “Se trata de una mujer delicada a lo que dicen “la vida alegre” que fue a lavar al arroyo que ahí pasa y llevó consigo a su hijita a quien le dio un pañuelo para que se entretuviera, mientras ella lavaba la ropa grande. Según el relato, aquella mujer oía que su niña platicaba con alguien; no la alcanzaba a ver porque estaban distantes una de otra, pero oía esa conversación de su hija con otra persona que por la voz dedujo que se trataba de una señora. Al rato le cupo mayor curiosidad a aquella mujer de costumbres no recomendables y se levantó a ver a su hija; si, estaba platicando pero no con una mujer grande, era otra niña casi de su igual. Fue a ver de qué hablaban, pero la chiquilla que platicaba con su hija se alejó al verla acercarse. Diablo de muchacha ésta, pensó la señora. Y luego le preguntó a su hija: quién era esa niña o qué quería. Pos sabe, no la conozco; nomás vino y me dijo ¿te ayudo? Y yo le di el mismo pañito para que ella lo lavara. Vaya pues… La señora se quedó intrigada: será esto cosa del diablo porque soy una mujer vulgar. Eso pensó ella acá esculcando su memoria; entonces ya le preguntó a la niña: ¿y qué te dijo? ¿Cómo se llama? Mira mamá, me dijo que en la casa de don Juan González le hagan una capillita y que le levanten un altar… Ya no le cupo duda a la señora; se trataba de la Virgen María; se hincó en el suelo y se puso a llorar, le remordía la conciencia por su vida mala. Volvió a su hija: ¿De veras hija, eso te dijo? Sí, mamá, eso me dijo. Y la señora entonces se fijó en el tepetate y vio en la piedra dura, pos puro tepetate, pintados los piececitos de la niña, y dicen que todavía están allí pintados, dizque bien marcados en una peña de ese arroyo al que le dicen el arroyo del Agua Santa, que ya no es un arroyo simple, sino que allí a un ladito de los pies de la niña, brota un manantial que no se seca,  de agua zarca, muy dulce, que sirve como agua de beber, muy buena. De todo esto, seguramente, empezó la devoción a la Virgen de San Miguel por parte de esas señoras que se conocen así, como de “la vida alegre”. Ya te acuerdas, con qué fervor acompañaban la traída y la llevada de la Virgen, antes, cuando la traían. Alrededor de la imagen puras mujeres de ésas que andaban organizadas en una asociación o cosa así; ellas se decían cofrades, y parece que doña Santana Villarreal era la presidenta de todas”. La transparencia devota del relato de Tomasita Ochoa, con algunas variantes, es conocida y conservada de generación en generación. También es exacto el dato de la devoción con perfiles realmente edificantes que le tuvieron las señoras mencionadas. Al parecer, ellas guardaron celosamente todos los ritos de la traída y la llevada, ellas “oficiaron” en todo el ceremonial que se conservó durante siglos, hasta hace unos cuantos años, cuando estuvo aquí el Sr. Cura Filiberto García que suprimió la costumbre de traer la venerada imagen. En los tiempos de su mayor esplendor, todo el pueblo se iba desde un día antes a San Miguel y al amanecer, después de celebrada la misa en su capilla, era depositada la imagen en un nicho al que los indios daban el nombre de “camarín”, por cierto de madera fina y con acabado de buen gusto. Ahí colocada la imagen, puesto el sombrero de viaje y terciado el rebozo a la usanza de las mujeres de aquí, se cerraba el camarín y se ponía en hombros de los devotos que por todo el camino se turnaban en el transporte de la dulce carga. Al comenzar a caminar aquella muchedumbre rumbo al Teúl, se desprendía de ella una persona a quien ese año tocaba el puesto de “la patente” y quien por manda especial que había prometido a la Virgen, pedía ese honor. “La patente” podía ser un hombre o mujer, a condición de que tuviera resistencia para partir en carrera. Con una banderita blanca en la mano y una campana en la otra que por lomas, laderas, arroyos, llanuras, ríos, iba sonando; venía a ser como el mensajero que va anunciando, el paso del cortejo de la Virgen. Había de llegar hasta el pueblo del Teúl, pararse frente al altar y de ahí regresarse otra vez hasta donde encontrara la romería; de vuelta emprender el camino en la misma forma de la primera vez, así a vuelta y vuelta, sudoroso, lleno de tierra, con los huaraches en la mano en ocasiones, sin comer ni beber, este mensajero llevaba una tarea muy dura. La clave del pórtico muestra una tosca figura de San Miguel que deja ver la intención de dedicar la capilla al Arcángel. Después vino la devoción a la imagen de Nuestra Señora. En tanto las personas que acompañaban a la imagen venían avanzando con el “camarín” a hombros, paso a paso, con la lentitud que permitían las condiciones del abrupto camino. En momentos había que detener la marcha, porque los devotos de la Virgen llegaban y se tiraban al camino, acostados de lado a lado, para que sobre ellos, casi al ras del cuerpo, fuera pasando la venerable imagen. Las señoras conocidas y reconocidas por su vida licenciosa iban señalando lo que había de hacerse y ellas mismas con unos cacharros en forma de pebeteros de barro, con brasas que de alguna manera mantenían a lo largo de aquel medio día que duraba la jornada, iban poniendo incienso, copal o alguna goma aromática para presentar como la Magdalena del relato bíblico, el homenaje de su amor. Como un dato curioso que no entraña ciertamente difamación ninguna, pues se trata de aquellas señoras cuya vida era pública y notoria, vamos a dar una lista con los nombres y los motes que se les daban, según información reunida por don Indalecio Chávez; con esto se tiene cuenta del número de personas dedicadas a este tipo de comercio, pero también el numeroso concurso de “cofrades” que festejaban con muestras de sincera devoción a la Virgen de San Migue. La Güera Eustacia, Águila del Carrizo, Bola de Hilo, Bola de Humo, La Cuerva, La Jumiada, dos Rojeñas, La Liebre, La Lagartija, La Morronga, La Chita y una hermana, La Chueca, Santana, La Tastuana, La Sorda, La Bandurria, Fidelia, dos Refugios, Varela y Muñoz, dos Hermanas Vargas, Guadalupe y otra, La Carreta, La Borrada, dos hermanas Paula y Bernarda Enríquez; La Curtidora, La Borrega, dos Chitarritas… Cuando el Sr. Cura D. Ángel Valdés se hizo cargo de la parroquia (1935-41) había dejado de traerse la imagen de Nuestra Señora. Los buenos oficios y el celo ejemplar del Sr. Cura Valdés hicieron que se reanudara la secular tradición. El recibimiento de la sagrada imagen en el pueblo, era solemne y grandioso. Hombres a caballo abrían el cortejo, danzas, música, cohetes, repiques de campanas y todo el pueblo apiñado en un mismo canto, una misma oración, hasta llegar y depositar el “camarín” en el altar de donde era sacada la imagencita y puesta en el altar que ocuparía durante el tiempo de su visita, bajo dosel de ricas cortinas y entre un jardín de flores. Así duraba aquella imagen desde junio hasta noviembre, sin que le faltara un día la visita de sus devotos, gentes entrando de rodillas, cirios, ramos de flores traídas del campo, que en esos meses nuestros campos se revisten hermosamente; misas, rosarios, alabanzas. Al regreso de la imagen, otra vez con la misma solemnidad y los ritos iguales de la traída, acompañada siempre de sus “cofrades”, las señoras mencionadas anteriormente que edificaban en verdad, por sus manifestaciones de devoción, su respeto y la reverencia que tenían hacia la imagen. Había en la capilla de San Miguel misa cantada y actos de culto, pero no faltaba el bullicio exterior, la cerveza, la música, el gentío, los puestos de todas las vendimias imaginadas que cubrían la planada exterior del atrio y los callejones del contorno y multitud de devotos venidos de Juchipila, de San Pedro, de Tepechitlán, de Tlaltenango, de Jalpa, de la Estanzuela. Había entre las devociones tradicionales, al regreso de la imagen de Nuestra Señora de San Miguel, lo que los devotos llamaban “las florencias de la Virgen” que consistían en una serie de azotes, los que el devoto pidiera, dados con un pequeño chicote de correas de piel y puntas de acero. El “prioste”, dignidad indígena que se hacía cargo de todas las cosas de todas las cosas de la Virgen y de recoger y “gastar” las limosnas de los fieles, tomaba puesto muy orondo y solemne en la barandilla del comulgatorio a donde se iban acercando los devotos: a mí deme veinticinco en la espalda, a mi diez en la cabeza, a mi cincuenta en esta pierna…Y ahí estaba el hombre dale y dale, sin tomar atención, ni compostura si entre tanto se celebra la misa o se rezaba el rosario. Esta costumbre debió de venir tiempos tan antiguos como la de la celebración de los “Tastuanes” en la fiesta de Santiago Apóstol, que tiene también el rito bárbaro de los azotes a quien por “manda” lo  prometió así en súplica de una gracia, en agradecimiento de un favor. Viene de muy remotos tiempos la organización de los indígenas de San Miguel alrededor de la Virgen en varios cargos de elección, bajo el mando del “prioste”, dignidad probablemente inspirada en la de los priores, superiores de los conventos, sólo que en el caso de éstos, en el plano laico, la palabra misma indica un tono menor, una copia degenerada de la “prioridad” conventual. Doña Amelia García tiene sus recuerdos y sus puntos de vista con relación a esta devoción quizá la, más antigua que existía en el Teúl y en una extensión muy amplia de la comarca. “Yo me acuerdo de todo esto desde con el Sr. Cura Adame. Todo mundo estaba preparado la víspera del Corpus, en que siempre llegaba, y la gente, pos hacía su bastimento, porque todo mundo hacía viajar a San Miguel a acompañarla desde allá. Las señoras que decía que se dedicaban a la vida alegre, formaban una como hermandad que se hacía cargo de la imagen. Se uniformaban todas ellas poniéndose en la cabeza una cosa como turbante, una tela pues, como un rodete, y en las manos unos como braseritos de barro, hechos en las alfarerías de aquí; allí llevaban fuego para ir quemando incienso todo el camino; era ejemplar la devoción y el sacrificio de aquellas mujeres en la caminata a pie hasta que dejaban a la Virgen en la parroquia. En un principio nadie veía aquello con extrañeza, porque en realidad las señoras se portaban con mucha compostura; pero después empezaron las críticas; que cómo podía ser eso, que en lugar de que fueran gentes decentes, alguna asociación piadosa o algo así, todo esto quedara en manos de aquellas mujeres. Y ya los señores curas empezaron a enfriarse hasta que el señor Filiberto García acabó con todo. Venía la imagen, como te decía hace rato, en una caja de madera fina, cedro ha de haber sido, bien construida y con cortinas por dentro y también por fuera, bien atada, curiosamente atada por encima de las cortinas con unas fajas tejidas en muchas grecas como de esas fajas que usan los indios. La imagen era también arreglada para el viaje, con sombrero de paja de trigo y de ese zacate dorado que le llamamos “quebranta”, hecho con curiosidad, y hasta un rebocito como si de veras fuera una señora que anda de viaje. Al llegar al pueblo, ya estaba su altar, con dosel bien compuesto, cortinas y flores y velas. Ya de la Cristera para adelante, se hicieron las cosas con menos solemnidad. Todavía siguió viniendo, pero ya no con el acompañamiento que se le hacía antes, en que todo el pueblo iba hasta San Miguel. Después nomás salían a encontrarla al río o cuando mucho a las Piedras Chinas. Los mayordomos, la cofradía de indios que en San Miguel se han considerado dueños de la imagen, de recién que pasó la Revolución estuvieron poniendo muchas trabas para la venida, no la dejaban venir, hasta que me parece que el Sr. Cura Ángel Valdés que estuvo aquí ya que se arreglaron las cosas, les buscó el modo a los indios para que la dejaran; me acuerdo que la primera vez que volvió a  venir, ha de haber sido por ai por el 34 ó el 35, exigieron los indios que el señor Luz González, un señor muy conocido de los indios por tener su rancho cerca de San Miguel, se hiciera responsable de la imagen. Como que tenían desconfianza, decían que aquí le robábamos sus joyas; pos qué joyas, debe haber tenido un rosario de oro y la peana misma que ha de ser de plata, pero digamos que lo más valioso de la imagen se lo regaló don Jesús González Cervantes, un señor que fue muchos años sacristán de Santa Teresa y luego de El Carmen, de Guadalajara; ese señor le tenía un amor muy grande a esta imagen y de su dinero o como sea, le consiguió, dicen que con el Padre Palacios del Convento de Zapopan, la corona y muchos vestidos y una cabellera y un cetro de los que ya no se usaban en la imagen de la Virgen de Zapopan. El les dotó el templo, la capilla, de ornamentos, de candeleros, les hizo muchos regalos. Se volvía loco de amor cantándole a la Virgen y vistiéndola y llenándola de lo mejor que él podía ofrecerle en objetos así de culto. Ah bueno, pos antes de salir la imagen de San Miguel, se hacía un inventario muy detallado de todo lo que venía con la imagen, para revisar después si no le faltaba nada. Y todas estas cosas, no creas, le molestaron al Sr. Cura García y por eso seguramente dejó que la tradición se fuera viniendo a menos cada vez hasta que se acabó todo. Para evitar esas murmuraciones y esas muestras de paganismo, iba el Sr. Cura personalmente y se traía la imagen en su coche, sin ostentación cual ninguna, y ya nosotros nomás salíamos a la orilla a encontrarla, casi ya nomás al Arroyo Zarco. Otra de las cosas que le desagradaron al Sr. Cura García fue una devoción muy extraña. Había entonces la costumbre, como por razón de una manda o algo así, de que la gente se acercara a pedir que dizque “unas florecitas de la Virgen”. Así decían las gentes y se ponían de rodillas frente al presbiterio, y uno de aquellos indios, el prioste, ayudado por otros dos, con unos chicotitos de vaqueta, azotaban a la gente donde pedía. A veces los azotes eran duros y llegaban a causar daño, una hinchazón. Parece que hubo el caso de una mujer que ya tenía un tumor o algo así y con los golpes aquellos se murió a los pocos días. Al Sr. Cura no le pareció que todo eso estuviera bien, como tampoco el comercio o el negocio que hacían los indios con pretexto de aquellas famosas florecitas de la Virgen. Se entiende que recogían muchas limosnas de los devotos, y esas limosnas nadie sabía en qué eran aplicadas, porque nunca hubo una mejora al templo. Total que se acabó todo…” Ya hace años que pasó aquello y las nuevas generaciones nada saben de una tradición que tuvo mucha fuerza y removió las almas de todos estos rumbos, en la devoción y alabanza de Nuestra Señora de San Miguel. Ya no se le trae al Teúl, pero su fiesta sigue celebrándose anualmente en San Miguel a fines de noviembre o a principios de diciembre, con el entusiasmo de muchas gentes que van a visitarla con espíritu piadoso y el alboroto y el bullicio de quienes van sólo al festejo exterior que tiene las dimensiones de una gran feria rural. Actualmente están encargados de la capilla, don Magdaleno Meléndez, con su esposa doña Brígida y su hija Carmela, que amantes y cuidadosos de la noble misión que tienen, han hecho importantes mejoras materiales al templecito, en pisos nuevos, en enjarres, en decoración y dicen que no descansarán hasta que logren dar terminación un día a la torre de la capilla. Cuando el Sr. Cura Filiberto García estuvo al frente de la parroquia (1959-72) impulsó el florecimiento espiritual de la feligresía, emprendió importantes mejoras de orden material, pero no consintió el ceremonial de que se rodeaba la traída de la imagen de la Virgen San Miguel, ni las exigencias y requilorios de los indios y la tradición casi desapareció. Otro pueblo antiguo, de mucha importancia en el pasado es el de Santa María de la Paz, también Visita del tiempo de la evangelización, dedicado también con su hospital, a la Limpia Concepción de María cuya imagen original es sin duda la que hace poco se colocó al lado derecho del altar, sacándola de entre un montón de vejestorios y trebejos que estuvieron en lo que fue el bautisterio, a raíz de un hecho fuera de lo ordinario que se registró aquí. Que fue la Virgen María, la patrona de este pueblo, es cosa evidente, no sólo por el nombre con que se le menciona desde lo más antiguo, con el agregado de La Paz que debió hacerse durante el siglo pasado cuando las convulsiones políticas de la Reforma, la intranquilidad y la zozobra en que vivió el país, hicieron que sus habitantes tuvieran como un supremo anhelo el de la paz. Conviene notar a este propósito que en el Teúl se dio por ese tiempo a la espaciosa plaza que actualmente denominamos “de abajo”, Plaza de la Paz, según referencias y un croquis muy detallado del Teúl publicado por los ingenieros Matute en 1880. Otro dato que confirma el patronazgo de Santa María en este pueblo, está en los relieves que con reiteración amorosa fueron colocando entre los sillares del templo, al tiempo de su construcción, donde aparece siempre la Virgen María, en la figuración conocida de su Concepción, y  a veces rodeada de ángeles o en nicho de enredadas guías churriguerescas, mientras unos ángeles músicos, de aspecto indígena, tocan sus instrumentos más o menos primitivos. Tendrá que pensarse que esa imagencita que se ha mencionado, fue fundadora y patrona de este pueblo que tomó el nombre de Santa María desde  que fue Visita de los franciscanos, hasta que en ires del tiempo y venires de capellanes, a alguno pareció antigua y fea la imagencita mariana y teniendo a la mano el crucifijo enorme e impresionante, le construyó nicho a propósito en el altar mayor; y sin poder cambiar el nombre, cambió el tutelaje, de modo que Santa María de la Paz, empezó a tener por patrono, este Cristo denominado según la ocurrencia de quien hizo todos estos acomodos, El Señor de la Paz. Santa María de la Paz es un pueblo que ha venido en la historia de la mano del nuestro. Tiene entre otros títulos de honor, la defensa valiente que hizo por recobrar su nombre que le consagró en los siglos y había sido atrapado por el sectarismo de una cierta época en estos rumbos. Su gallardía, su dignidad se retratan en las canteras firmes de su torre de gran señorío, que se levanta en amplio y luminoso horizonte de verdes. De la antigüedad de este pueblo, dan constancia los ingenieros Matute, al decir: “En Santa María hay una iglesia bastante buena, que tiene 45 metros de largo por ocho y medio de ancho, construida de buena piedra de sillería con una bonita torre, y techada con grandes vigas en cada una de las cuales se halla el nombre del donante y la fecha de la colocación; en la portada está una fecha, 1714; y en las vigas, de 1754 a 1759 en que se acabó de techar. La imagen que se venera en dicha iglesia es un Santo Cristo del tamaño natural, de malísima escultura, menos el rostro que habiéndose compuesto últimamente, es muy expresivo y hace un contraste singular con el resto del cuerpo”. Faltó a estos señores hacer mención de la iglesia antigua, frente con frente a la actual. Fue aquella la primitiva, acaso de principios del mil seiscientos pues al parecer se llevaron acuerdos parejos con el Teúl en la construcción de sus templos, sólo que en Santa María se adelantaron por lo menos cincuenta años a la construcción de su iglesia mayor, mientras el Teúl siguió sirviéndose todavía de su primera iglesia, la que conocemos hoy como El Santuario. No le falta gracia y dignidad a la primitiva capilla de Santa María, también en piedra cortada a escuadra, y con una espadaña y un portón magnífico, trazados en mucha sobriedad, pero con buen gusto y equilibrio. Sólo queda actualmente en pie la fachada, los muros del contorno y la espadaña; los techos desplomados llenan de escombro todo el interior del templo que es por cierto espacioso. Qué bueno sería que los habitantes de Santa María hoy en notable resurgimiento social, cultural y económico, se echaran a hombros la restauración de este templo, monumento histórico de tanta significación para ellos mismos y para toda la región. Hay testimonios sólidos que hacen pensar que el pueblo de Santa María tuvo por patrona una imagen de María, y es muy probable que esta antigua imagencita haya sido la fundadora de esta población. Por cierto que aquel adelanto de los vecinos de Santa María en la edificación de su nueva iglesia, les movió a pedir a las autoridades eclesiásticas les reconocieran preeminencia sobre el Teúl haciendo que éste dependiera de ellos. El curioso documento es citado por los ingenieros Matute quienes hablan de él como si lo hubiesen tenido a la vista, asegurando que se conservó en el archivo de esta iglesia, archivo del cual en estas fechas no se tiene la menor noticia. “Entre los documentos que se encuentran en el archivo de esta iglesia, hay una solicitud, hecha por el vecindario al señor Obispo de Guadalajara, fecha de 1790, en que se le suplica que teniendo ya este pueblo una buena iglesia concluida, se le pide que declaré allí la cabecera, porque en el Teúl llevan ya dieciocho años de estar construyendo la iglesia sin poderla acabar. Existe también en el mismo archivo una especie de lista hecha por los limosneros que sacaban la imagen de Nuestra Señora y que recorrían los pueblos para la cuestación de limosnas; en dicho documento se encuentran las firmas de las familias más caracterizadas de los puntos recorridos, que certifican que al abrir la alcancía se ha encontrado una cantidad determinada; dicho cuaderno abarca más de cien años, de 1627 a 1740″. Qué valioso y fundamental pudo ser ese cuaderno, como testimonio el más explícito, primero de la devoción y patronazgo original del pueblo a Santa María cuya era la imagen que recorría los ranchos; segundo, como relación de las familias “más caracterizadas” de esta región, con la ubicación de los apellidos que poblaron este o aquel lugar; tercero, como la más amplia aportación de datos para establecer la situación económica de las familias en los siglos XVII y XVIII. De alguna manera y en lo que se refiere a las condiciones de vida en el siglo pasado, dan una información satisfactoria los ingenieros Matute al describir el aspecto físico del pueblo y los precios de los artículos de consumo ordinario. Esta es la iglesia antigua de Santa María, llena de gracia y dignidad, tantas, que bien merece ser reedificada como un monumento histórico de inapreciable elocuencia en toda la región. “En Santa María de la Paz, podemos considerar que actualmente se está formando la población, pues no hay manzanas completas de casas fabricadas…La iglesia es de piedra de sillería  con una bonita torre de dos cuerpos y su remate; aunque construía en tan buen material y firmeza, está techada con vigas y las ventanas que le dan luz, son pocas y pequeñas”. También ofrecen el número de habitantes en el año de 1880 a que corresponde el estudio sobre el Partido de Tlaltenango de donde tomamos todos estos datos. Señalan para esa fecha, en Santa María 2,589 habitantes, de los cuales 330 son propietarios de tierra o casa. La superficie de su comprensión es de 21 leguas cuadradas y su densidad de población en 129 habitantes por legua cuadrada. Había por ese tiempo en Santa María, pueblo y rancherías, ocho escuelas para niños y una para niñas, con una asistencia total de 326 alumnos. El sostenimiento de estas escuelas suponía un costo anual de $648.00. Parece que el dinero venía con mucha dificultad de la Capital del Estado, porque en el año referido las escuelas tuvieron que cerrarse en marzo por falta de pago a sus profesores. Los cultivos tradicionales de las tierras en Santa María, maíz y frijol, tienen rendimientos muy bajos, según la estimación que se hace en la monografía que venimos consultando, pues durante el año de 1829 en la monografía que venimos consultando, pues durante el año de 1829 en que se tomó en cuenta de las cosechas de maíz, se sacó un total de 8,000 “fanegas”; “la cosecha del año 29 nos parece diminuta porque apenas corresponden dos y cuatro quintos de fanega por cada habitante, en el año”. Una relación de precios en los artículos de consumo ordinario en la población, en el año de 1880, ofrece lo siguiente: Una libra de carne          $0.12 Una libra de manteca       0.28 Una libra de azúcar          0.25 Una libra de piloncillo       0.10 Una libra de pan              0.18 Una medida de maíz        0.06 Una medida de frijol         0.11 Una medida de garbanzo 0.12 Un cuartillo de mezcal     0.18 El equivalente de una medida en granos era de un 24avo. de la fanega. Y la fanega estaba en promedio de 70 a 80 kilogramos. La tabla de precios establece la diferencia entre los municipios del Teúl y Tlaltenango y la Delegación de Santa María; de esa comparación es el Teúl donde en términos generales prevalecen los precios más bajos, sigue Tlaltenango y el último Santa María. En todos los pueblos de esta región la permanencia de un sacerdote de pie, fue en aquellos tiempos factor esencial para desarrollo del comercio. El cumplimiento de tradiciones y deberes religiosos hacía venir a las gentes de todos los ranchos invariablemente, todos los domingos, y esto daba lugar a un juego muy intenso en la venta de mercancías y en la compra de productos traídos de los ranchos; pieles, huevos, queso, etc. Por cierto que Santa María no siempre ha tenido sacerdote y por ello no pudo desenvolver su comercio tan ampliamente. Por eso también, en tiempos pasados estuvo insistiendo ante las autoridades a quienes compete, la designación de su capellán de planta. Allá a finales del siglo pasado, a 27 de septiembre de 1893, el Arzobispo de Guadalajara, don Pedro Loza y Pardavé, autoriza al párroco del Teúl para que éste, conforme a su criterio, administre  el sacramento del matrimonio en la iglesia de Santa María, para facilitar a los contrayentes la ceremonia que anteriormente tenía que hacerse en forma invariable en la parroquia del Teúl. El documento que se conserva en la Notaría Parroquial del Teúl, dirigido al Sr. Cura Ramón Vélez, dice así: “Se me dio cuenta con el oficio de usted fechado el 19 del actual de la petición que hacen varios fieles de Santa María de la Paz, pidiendo se administre allá el sacramento del matrimonio a fin de evitar a los que se casan el gasto, demoras y demás inconvenientes de tener que venir a la cabecera estando establecido en aquel punto el Registro Civil. En contestación digo a  usted, que usted mismo como párroco puede autorizar la celebración de matrimonios en el lugar expresado, si así lo juzga conveniente para el bien espiritual de sus feligreses en atención a lo que exponen ellos”. En el mismo archivo parroquial del Teúl hay una descripción interesante de las características generales de los pueblos de Santa María, Florencia y Huitzila que están pidiendo insistentemente se les conceda sacerdote permanente. Esta descripción está formulada por el señor cura Ramón Vélez y enviada al Arzobispado en 16 de noviembre de 1900 para que las autoridades eclesiásticas con base a estos informes decidan lo que estimen conveniente. Independientemente de su asunto mismo, el comunicado tiene grande interés por cuanto ofrece el genio y figura de estos lugares en aquella fecha: El altar del templo de Santa María tiene majestad. En el sitio de honor, la venerada imagen de Cristo crucificado a quien se da el título de El Señor de la Paz, como sustitución de la imagen original de “Santa María de la Paz”. “Primeramente Santa María, municipio pequeño, distante de esta cabecera dos leguas escasas, con magnífico camino atravesado sólo por las corrientes de un pequeño río que duran pocas horas sus corrientes. Consta de más de mil habitantes todo lo que forma el municipio. Tiene iglesia regular en construcción, aunque aún no se concluyen sus trabajos; su ornamento está en muy mal estado y en circunstancias difíciles de repararlo por la pobreza del lugar. Hay casa con amplitud para habitación del Parque, aunque medio destruida. Esto es todo lo que tengo que informar al respecto. El segundo lugar que es Florencio, forma parte del municipio de esta cabecera, distante como cuatro leguas con camino regular; lo forma una congregación de ranchos sin ningún orden, distantes los unos a los otros una legua o media legua. Son familias diseminadas que forman un rancho con su respectiva propiedad por lo que autoridad ninguna puede cuidar del orden del lugar donde está situada la capilla a que con ocasión de la misa deben acudir los fieles que son como mil y tantos, con muy opuestos fines, pues con ocasión de haber sido ya consecuente para que se les diera un capellán, en tres años de permanencia que lo sostuvieron, cubriéndole sus honorarios y no pudieron continuar haciéndolo con regularidad y constándome la ruina que en las costumbres ocasionaba… Pedí  a mis respetables superiores aprovechando de que no cumplían con verificar sus pagos, me concediera el retirar al eclesiástico… Se cuenta en este rancho con una capilla en muy mal estado pues está amenazada ruina; está aviada de ornamentos en muy regular estado, casa muy deteriorada para habitación del Padre. Del mismo modo que los de Santa María han insistido constantemente manifestando que les conceda de nuevo el capellán; les he alimentado la esperanza pretendiendo que el gobierno consiga formar otro municipio. Además, les puse por condición que reunieran el pago por anualidades. En mi poder tienen los honorarios de seis meses, reservándome además el derecho que en conciencia creo tener de poner en conocimiento de V. S. Ilma. el estado y condiciones de aquel lugar que mi humilde juicio es que mientras no se verifique un cambio, un eclesiástico viviendo entre ellos podrá ocasionarles su propia ruina por el modo de ser de esa gente y no contar con ninguna garantía. El tercer lugar de la parroquia que solícita la gracia de un sacerdote con carácter de Vicario es un pueblo antiguo llamado Huicila, distante de esta cabecera algo más de catorce leguas con varios ranchos a mayor distancia que ésta y con más dificultades para impartirles con oportunidad los auxilios, con su camino muy penoso atravesado por un río que en toda la temporada de aguas nos deja incomunicados. Calculo que hay como cerca de mil habitantes. Con el fin de trabajar en el sentido de concederles lo que me piden, me tomé el empeño desde que el Ilmo. Sr. Loza de santa memoria tuvo a bien segregar de esta parroquia la Vicaria de la Estanzuela… ha sido mi constante anhelo por trabajar en favor de éstos para que lleven a cabo la reconstrucción de una capilla que ya existe, pero en tal abandono que la encontré, siendo abrigo de animales; además de ésta, en Milpillas se está terminando otra nueva de regulares dimensiones, de tal manera que de no contar con ornamentos ninguno, se encuentra ya aviada de una campana y todos los demás parlamentos indispensables”. Bien se puede advertir en este informe del Sr. Cura Vélez una cierta insatisfacción por la conducta de los vecinos del Rancho de Florencio, “lo de Florencio” como se llega a mencionar en el otro siglo este caserío desparramado, sin orden ni unidad, según la descripción que acabamos de traer. Este caserío disgregado se plantó en propiedades que fueron inicialmente de un señor de nombre Florencio José de flores y Navarrete. Su primer nombre formal en asuntos oficiales , fue la Concepción de Florencio, advocación mariana que se tiene a la fecha como titular del poblado. Quien sabe si está mal disimulada prevención del párroco hacia el Florencio de entonces tenga que ver con un pleito que por aquellos años entablaron los vecinos de la Diócesis contra el párroco del Teúl, acusándolo ante las autoridades de la Diócesis de haber dispuesto a su antojo de una campana. Cartas fueron y vinieron hasta que el señor cura del Teúl les explicó satisfactoriamente cómo todo lo que hizo fue mandar refundir la campana que estaba en malas condiciones de servicio; las cosas parecieron arreglarse satisfactoriamente pero en algún resquicio debió haber quedado, una pizca de encono y animadversión. En cuanto a la disposición misma de las casas parece, sin embargo, muy exacta la descripción del Sr. Vélez, pues todavía no hace muchos años que la conformación urbanística del poblado se componía de dos o tres calles, ni siquiera bien trazadas, alrededor de la iglesia y de la plaza. En esto se vino ya el valimiento que le dio el ser erguida la Vicaría el 31 de julio de 1917 y la parroquia el 22 de octubre de 1922 y la delegación se convirtió en municipio el año de 1949 y con ello se advirtió ya un notable adelanto en el trazo de sus calles, el crecimiento rápido del pueblo, el remozamiento de su jardín principal y del templo que muestra un interior agradable, lleno de luz, más armonioso y artístico de lo que puede parecer el exterior, a pesar de la balaustrada y macetones de cantera rosa con que fue adornada. Don Indalecio Chávez conoce muy bien esta región y da pormenores interesantes acerca de las familias y de la intensidad de población que fueron registrando las rancherías de este nuevo municipio. Llegó una familia de apellido Carrillo y se fundó el Monte de Carrillos en lo que desde siempre se ha llamado aquí Cerro del Pantano. Esta familia procede de Valparaíso, Zac. Los Romero, procedentes de Monte Escobedo, Zac., se fundaron en el Rancho de las Cruces. Los Chávez, originarios de Jerez, se fundaron también en Las Cruces; los Sandoval que según parece también de Valparaíso, se fundaron en Llano Grande. Procedentes de un rancho de Jerez vino un grupo de familias Arellano y se fundaron en lo que se llamó Rancho de Arellanos. De estas familias unas traían el apellido Arellano a secas y otras el de Félix de Arellano. Los Berumen y los Chávez, son de Jerez y uno de los ranchos más nuevos el de Los Dormidos se fundó ya con gentes de la comarca; este rancho se localiza entre Monte de Carrillos y Mesa de Núñez. La erección de Florencia en municipio, según se dijo, data del año de 1949, y el primer presidente municipal fue José Manuel Cortés Correa a quien siguieron en períodos justos de tres años, con excepción de Salvador Cortés Arellano que sólo duró en el poder por espacio de un año, los señores que a continuación se nombran: Pedro Lamas Sandoval, Salvador Cortés Correa, Salvador Cortés Arellano, Fortino Cortés Correa, Salvador Cortés Arellano, Prof. Ángel Ruiz Candelas para completar el período y el actual, de nuevo don Pedro Lamas Sandoval. Algún documento de la Parroquia del Teúl menciona el ahora florecido y progresista pueblo de Huitzila con el nombre de San Quintín de Huitzila y se da cuenta de la veneración muy grande que tienen los vecinos del lugar al crucifijo que representa al Señor de Esquipulas. Esta ventanita lateral oculta por el corredor de la casa del capellán, es un ejemplo maravilloso del buen gusto y la sensibilidad artística de los indígenas que sobre la ventana construyeron un piadoso nicho a Santa María de Paz. Muy anterior a esta fecha, en los primeros años de mil setecientos, se suscitó un pleito, entre los indios del Teúl y los que tomaron asiento para fundar “Guicila”. Las cosas llegaron a la Real Audiencia de Guadalajara donde se trató de calmar a los del Teúl que se oponían a toda costa a que fuera autorizada la fundación del pueblo de Huitzila. Del legajo que guarda la Biblioteca Pública de Guadalajara con la relación minuciosa de este pleito, el Sr. Cura Lic. D. Nicolás Valdés ha hecho el siguiente resumen: En diciembre de 1797. Antonio Francisco, Santiago Vela, José Nicolás y damas avecinadas (23 familias de El Teúl y 2 con más de ocho años de residencia) en Huitzila, terreno de la Cofradía de la Limpia Concepción de El Teúl, ocurrieron al Intendente de Zacatecas solicitando la erección de Huitzila en pueblo, y pidiendo, desde luego, mandase al Teniente de Subdelegado del Teúl, nombrase alcalde a uno de ellos, y que en adelante lo pudiesen elegir ellos a pluralidad de votos, como era costumbre en todas las reducciones. Después de oídos el Promotor Fiscal y los indios del Teúl, el Intendente concedió, el 11 de octubre de 1798, la elección de alcalde. Para la erección debería ocurrirse ante México. Entretanto, los indios del Teúl habían acudido a la Audiencia de Guadalajara, cuyo fiscal pidió que la Audiencia  exigiera, por medio del Teniente del Teúl, que los indios de Huitzila entregarán los títulos  y demás papeles. Estos probaron con la declaración de D. Vicente Naredo, Comisionado por la Intendencia de Zacatecas para medir las tierras de Huitzila y averiguar la existencia de tierras realengas,que fue el Escribano del Teúl, Antonio Lozano quien le entregó los títulos que amparaban los terrenos de de la Cofradía, (un sitio con la obligación de la Misa sabatina a la Inmaculada Concepción) y alegaban a su favor que, en los muchos años que los indios del Teúl tuvieron a su cargo el ganado de Huitzila, nunca hubo más de doscientas reses, en tanto que ahora, siendo el encargado Francisco Antonio, eran más de cuatrocientas y adjuntaban como prueba de la eficiencia del encargado una carta del Br. Manuel de Escoto, cura de Tlaltenango y Visitador del libro de la Cofradía del Teúl. Asimismo: que ellos, los de Huitzila, defendieron esas tierras que los del Teúl querían ceder a D. Manuel Magallanes, apoderado de su hermana Doña Nicolasa, y denunciaron para sí terrenos realengos, costeando ellos todo. Por último, alegaban que en las tierras del fundo legal del Teúl no podrían ser acomodados, porque unas las tenían vendidas los indios del Teúl a otras castas, otras estaban arrendadas y otras no servían. Esta defensa  la hizo el Lic. José Miguel Cervantes Negrete, Protector Interino de los Indios, el 27 de mayo de 1799. Al día siguiente, el Regente y los Oidores mandaron que el expediente pasase al Oidor Fiscal, Nava, como Protector General de los Indios. Y éste dio su parecer el 8 de junio: Ya el Oidor Fiscal anterior, D. Antonio Camacho, había pedido, el 12 de octubre del año pasado, que la Audiencia declarase, como lo hizo el 20 del mismo, que no había lugar a la petición de los indios de Huitzila, por no llenarse las condiciones legales para la erección de un nuevo pueblo. Y eso mismo pedía él ahora. Según personas entendidas, no hay en toda la comarca un poema más bello que el de estos músicos que tocan sus instrumentos en honor de la tosca imagencita del nicho. Sobre la repisa una inscripción  de la época en que se edificó este templo. La Audiencia ratificó la negativa el 10 de octubre de 1799 y ordenó que el Teniente del Teúl desalojase de Huitzila a los peticionarios, excepción hecha del encargado y de los vaqueros necesarios, y que diese en arriendo las tierras independientes, a beneficio del Arca del Teúl. Don Vicente María de Fuentes, “Teniente de Justicia Mayor y Subdelegado de Real Hacienda de la Villa de Purificación Real y Minas de Fresnillo, de Jerez, Valle de Tlaltenango y demás agregados”, cumplió con la orden, pero dando a los afectados el tiempo que faltaba para levantar cosechas. Hacia 1776, según consta en documentos del archivo parroquial del Teúl, la Estanzuela era ayuda de la Parroquia del Teúl, la Estanzuela era ayuda de la Parroquia del Teúl y estaba a cargo de Fray Mariano de la Torre, según se lee en el Auto de Visita del Ilmo. Sr. Alcalde, a tiempo en que se hace notar que en su jurisdicción en la cual se incluyen a Huitzila y Milpillas, se tiene un total de dos mil sesenta y seis habitantes. En cosa de 30 ó 40 años desde esta primera referencia de la Estanzuela, o Puerto de la Estanzuela, como el principio es llamado el lugar, empieza a manifestarse un grande malestar del vecindario por el descuido en que dicen estar de las atenciones espirituales que han de venirles de la parroquia del Teúl. En especial, llegó a haber algún distanciamiento con el Sr. Cura don Norberto Pérez a quien reclaman una atención más constante y directa en su propia capilla, pues se quejan ante el gobierno de la Diócesis de que los hace acudir al Teúl a casarse. Hay un documento referente a aquella situación que tiene desde otros puntos de vista un valor extraordinario, como testimonio del sentir de la población en general cuando se registró el levantamiento insurgente de Hidalgo. El documento en cuestión, fechado en 1817, menciona el movimiento con el mote vulgar y expresivo de “la actual sedición” y habla de quienes se levantaron en armas como de “los traidores” que llegan a causar grandes daños en las poblaciones, hablando puntualmente del Mezquital del Oro que por estar “a un lado del camino” no tienen la facilidad de defenderse y de estar en comunicación con las demás poblaciones, como es el caso de la Estanzuela que por este motivo también, piden sea erigida en parroquia, independiente del Teúl y teniendo como bajo su dependencia al pueblo del Mezquital del Oro y por la otra parte al pueblo de Güicila que podrá ser atendido más fácilmente desde la Estanzuela. Transcribimos íntegro este documento cuyo original se encuentra en el Archivo del Arzobispado de Guadalajara, que consideramos de mucha importancia: HACIENDA LA ESTANZUELA. PETICIÓN DE QUE SE HAGA PARROQUIA. 1817. Excmo. y Muy Iltre. Señor: Basilio García, encargado de Justicia en esta Hacienda de la Estanzuela, ayuda de parroquia del Teúl, a nombre de los vecinos que suscriben, en la mejor forma que haya lugar en derecho, ante V. E. I. comparezco y digo: Que este vecindario ha dado servicio a Nuestro Soberano, desde el principio de la actual sedición, al tanto de los del Teúl, sin embargo de ser esto menos de la tercera parte de la jurisdicción del Teúl. Hemos  carecido de sacerdote que nos administre los Sacramentos todo el tiempo que estuvo invadido de traidores este Cañón, por falta de defensa en esta Hacienda; porque, aunque para las conducciones que se ofrecen de aquí a San Cristóbal nos tratan los del Teúl como si estuviéramos desmembrados de ellos, exigiéndonos aquí……..y…….al igual de las que proveen para las conducciones hasta aquí, pero para las contribuciones y defensa de aquella plaza, cuando amenaza riesgo, nos hacen replegar allá y que dejemos nuestras casas y esta iglesia sin defensa alguna, porque la distancia de más de doce leguas de tierra áspera y doblado que distamos de la cabecera hace muy difícil el auxilio, cuando lográsemos que se nos diera  o nos permitieran venir nosotros a defender esta Hacienda y nuestras habitaciones. Cuando hemos logrado tener sacerdote, no logramos todo el auxilio que pudiera franquearnos, porque el Sr. Cura Pérez le limita las licencias para casarnos, obligándonos que ocurramos a la cabecera con mucha incomodidad nuestra; y estas etiquetas hacen que no perseveren aquí largo tiempo los sacerdotes con que nos provee V.E.I. De este modo ha sido mucho lo que ha padecido sufrido este vecindario; tanto, que tratan de migrarse los pocos vecinos que hay a donde tengan segura y constante la administración de los Sacramentos, y el servicio patriótico reducido a una plaza, porque aquí sirven a dos en  lo gravoso, y en lo favorable sólo gozan de una y la más diminuta. Para aliviarnos estas cargas y dar mejor servicio a Nuestro Soberano, juzgamos por único medio oportuno el que esta iglesia se haya de erigir en parroquia en el actual concurso de curatos, haciéndose la demarcación de éste con el agregado del Mezquital, quedando aquella iglesia en ayuda de parroquia de ésta, de lo cual resultan beneficiados los vecinos del Mezquital; porque, cuando no haya sacerdote que quiera residir allá, o por el mal temperamento o por lo indefenso de él, por estar dominado de cerros, podrán ocurrir fácilmente a esta parroquia para el socorro espiritual, pues no distan más que tres leguas: tendrán defensa de esta plaza, cuando allá amenazare riesgo, y este agregado de vecinos será más útil a Nuestro Rey y a esta parroquia, porque ayudarán a la defensa y a las conducciones necesarias, que no prestan siendo aquello curato, porque no está en camino real como éste, y cuando son acometidos de los traidores, no hacen  ellos más defensa ni servicio que ocultarse, escondidos debajo de las minas. Exterior del templo parroquial de Florencia que ha sido decorado recientemente y muestra una armoniosa combinación de ventanitas y claros que se asoman a las inmensas llanadas sombreadas de pinos.

El Sr. Cura Muñana, que es colgado de ese curato, lo renunciará luego que se le hable acerca de esto, pues el abandono total que ha hecho manifiesta la disposición que tiene más para renunciarlo que para servirlo, y la Clavería ahorrará los cuartos novenos que consume en ayuda del Cura del Mezquital. El Sr. Cura Pérez dice que está pronto a dar su consentimiento y ceder esta parte de su curato, que nada le da de utilidad, porque todos sus proventos se consumen en el sacerdote que le sirve. Los solares que se necesitan para la erección de parroquia los franqueará gustoso Don Ramón Morúa, si considera las grandes utilidades que le resultan a su Hacienda, cuales son disminuir las pensiones públicas que está sufriendo, porque se repartirán entre el vecindario que se agregará, y a menos costo resulta la Hacienda más defendida de los traidores, porque necesariamente se pondrá en defensa la plaza de vecinos. En segundo lugar, la reedificación de esta capilla que está arruinada, se hará a costa de todo el vecindario, como también ornamentos y menajes que ella necesita. En tercer lugar, tendrá aquí constantemente la administración de los Sacramentos, sin costear capellán ni ocurrir hasta el Teúl, cuando falte aquí eclesiástico, o no quiera dispensarlo el Sr. Cura Pérez.  Igualmente, tendrá más número de arrendatarios y podrá girar aquí más comercio y otros arbitrios. Interior del templo parroquial de Florencia, sobre cuyo altar principal cae una luz indirecta que crea ahí dentro una atmósfera transparente, animada de piadosa serenidad.

Bajo estos supuestos, juzgamos no habrá inconveniente ninguno para la erección de parroquia que pretendemos, para utilidad de la iglesia con facilitar mejor congrua con este agregado, que la miserable que goza actualmente el Sr. Cura del Mezquital; para utilidad de la Patria por el mejor servicio que se dará estando la plaza en el camino real, y no embarrancado como el Mezquital; para utilidad nuestra porque gozando del derecho y posesión de solares, podremos construir unas casas de gentes, para no vivir en unos miserables jacales, como vivimos, por no tener derecho de vender nuestra casa, el día que nos retirásemos, dejando todo a beneficio de la Hacienda, por haberla fabricado en tierra de ella. Si V. E. I. tuviere a bien nuestra pretensión, sírvase mandar correr traslado a las partes insinuadas y decretar lo más útil y conveniente. Juro no ser de malicia, etc. Puerto de Estanzuela, agosto 29 de 1817. Basilio García (rúbrica) – José de Jesús Zúñiga Fajardo (rúbrica) – Juan José Flores (rúbrica) – Felipe Flores (rúbrica) – Laureano Guzmán (rúbrica) – José Abad Guzmán (rúbrica) – Mauricio Guzmán (rúbrica) – Carmen Guzmán (rúbrica) – Cástulo Guzmán (rúbrica) – Gabriel Muro (rúbrica) – Rafael Uriel (rúbrica) – Nicolás Plasencia (rúbrica). Estanzuela, septiembre 3 de 1817. CERTIFICO en cuanto puedo y debo, como vicario de esta ayuda de parroquia del Teúl: que lo que exponen estos vecinos, en razón del mérito para optar el título de curato en esta iglesia con el agregado de la  del Mezquital, como subalterna de ésta, me consta de visita, como también la gran distancia de la cabecera y proximidad del Real, lo excesivo de pensiones y las indiscreciones del Sr. Cura Pérez; también al estar en esto en la medianía del rancho de Güizila, en donde se erigirá con el tiempo otra ayuda de parroquia, quedando esta cabecera en el medio de las dos,  que serán Mezquital y Güizila; en caso que no ceda el Sr. Cura Pérez la parte de Güizila, será siempre más útil el fundar aquí la parroquia, que el que continúe en El Mezquital; y de no tomarse este arbitro, esta ayuda de parroquia decaerá del todo con el tiempo y se trasladará a Güizila, porque allá se les está franqueando tierras a medias y demás arrendamientos con más comodidad y ventajas que las que les ofrece esta Hacienda. Y no conviene que progrese Güizila más que esto, porque la distancia y fragosidades en que se hallan y se refunden les escapa de todo servicio público, que ni a El Teúl ni a aquí dan utilidad personal; por lo que juzgo muy en orden la pretensión que me han presentado estos vecinos, porque informará sobre ello y confirmará más la verdad delo expuesto por ellos. Dado en la Estanzuela, a instancia de los interesados, y para el efecto que les convenga lo firmé en dicha fecha. Miguel Zúñiga y Zeballos (rúbrica). Durante muchos años siguieron los vecinos de Huitzila y de Milpilla bajo la atención espiritual de la Vicaría de Estanzuela, pero cuando las autoridades eclesiásticas acordaron al fin segregar ésta de la Parroquia del Teúl pero anexándola a la Parroquia de El Mezquital del Oro por convenir así en razón de la distancia y mejor comunicación, ello implicaba también la incorporación de Huitzila y de Milpillas al Mezquital con lo cual los distanciaba enormemente del Teúl a donde tendría que acudir al trámite de sus asuntos de orden civil. A este respecto, hay una comunicación en el Libro de Gobierno de la Parroquia del Teúl que dirigen las autoridades de la Diócesis al Sr. Cura D. Ramón Vélez, en la cual manifiestan su acuerdo a la proposición que las hizo de que, en vista de las circunstancias geográficas, Huitzila y Milpillas queden delegados de la Estanzuela y anexados al Teúl: “Impuesto en el contenido de su comunicación, fecha del día 3 de los corrientes con ocasión de la providencia que esta sagrada mitra dictó segregándola Vicaría de la Estanzuela de esa Parroquia y agregándola a la del Mezquital del Oro, siendo como es notorio la mente de esa superioridad hacer que las necesidades espirituales de los fieles estén mejor atendidas, facilitando hasta donde sea posible la administración parroquial y proporcionando a los fieles el mejor acceso para facilitar los auxilios y suponiendo que esto no se conseguiría según lo que usted informó para el pueblo de Huitzila y congregación de Milpillas mediante su agregación a la Estanzuela, sino que por el contrario sería para aquellos fieles más incomodo tener que ocurrir porque pertenecen en lo civil al Teúl y en lo eclesiástico al Mezquital; por el presente la providencia citada de 4 de octubre último la modifico declarando que los pueblos de Huitzila y Milpillas sigan perteneciendo al Teúl y de la cabecera se sigan administrando como se ha hecho aun desde antes, cuando estaban comprendidos en la Vicaría que era de esa Parroquia, la Estanzuela. Dios Nuestro Señor guarde a usted muchos años. Guadalajara, Jal., 7 de noviembre de 1894″. Así quedó fuera de la jurisdicción de la Parroquia del Teúl el pueblo de la Estanzuela después de poco más de un siglo de haber estado bajo la atención espíritu al de los sacerdotes de aquí. Toda la información relacionada con la Estanzuela tendrá que aparecer a partir de 1894 en la Parroquia del Mezquital. Su referencia más antigua en la Notaría Parroquial del Teúl, fue dada ya y corresponde al año de 1776 en que el pueblecillo apenas pudo tener alguna conformación pues en sus orígenes fue lo que su nombre dice, “una estanzuela”, pequeño núcleo de casas que habitaron los trabajadores, peones o medieros al servicio del dueño de aquella extensión de tierras que abarcaron una llanada fértil, de regular amplitud, antes de descender a los hondos barrancos de San Cristóbal y El Mezquital. Esta circunstancia dio origen al nombre de El Puerto de la Estanzuela con que fue conocido el poblado en algunos documentos. Una idea de la modestia y pequeñez de la capilla que hubo en aquellos principios, pequeñez y modestia que corresponde a las características mismas del poblado, puede colegirse del informe que sobre las pertenencias y estado de la capilla y sacristía de La Estanzuela da a principios de mil ochocientos el Lic. Gregorio Alonso y Valle, según el asiento que aparece en el Libro de Gobierno de la Parroquia del Teúl: “Hacienda de la Estanzuela, ayuda de la Parroquia del Teúl, octubre 30 de 1806: Antes de venir a la parroquia del Teúl, el Sr. Cura D. Ángel Gómez fue párroco de Florencia, y esta circunstancia sirvió sin duda para apagar los rescoldos de encono que la persecución religiosa había dejado entre los dos pueblos. En este día se reconocieron la capilla de esta hacienda y las cosas a ella pertenecientes, así mismo la casa del capellán, todo lo que está según se expresó en el inventario que obra en el libro anterior de gobierno del expresado curato a excepción de las cosas nuevamente añadidas y, de las que faltan por hacerse, por el uso o por otras circunstancias. Estas son las siguientes: Dos altares que se recomendaron por mi cuenta. Cuatro purificadores de Bretaña, un ornamento verde de terciopelo con gran carretera de oro fino, tiene lo preciso para celebrar y una estola más con puntas de oro. Todo hizo el costo de  63 pesos, 2 reales y 5 botijas que compré y 3 que han venido con aceite. Además, una estola morada con galón de plata que remitió el mayordomo de varios retazos que sobraron del ornamento últimamente citado. Dos terceras partes del techo de la capilla que a solicitud y expensas mías y de los vecinos y con ayuda de varios arquitectos se repusieron enteramente, habiéndose gastado en esto la cantidad de 90 pesos, para cuyo complemento sólo 4 se franquearon de lo de la hacienda. El aumento de las paredes del cementerio muy necesario e indispensable; el techo de la sacristía que se repuso y mejoró, aumentándole el número de vigas, blanqueando y componiendo también las puertas, cuyo importe fue de 10 pesos a costa mía y de los vecinos. El piso del zaguán, del patio y de la cocina que se reformó notablemente; de todo esto queda encargado el referido teniente de cura D. Juan Velázquez y para la debida constancia así lo firmamos en la misma hacienda. Lic. Gregorio Alonso y Valle, Juan Velázquez.” De todos los pueblos que rodean el Teúl los menos antiguos son Florencia y la Estanzuela, los demás, San Lucas, Santa María y San Miguel, tienen ya una venerable antigüedad que puede leerse en la herrumbre de sus adobes carcomidos, en la centenaria construcción de sus capillas, en el aspecto cansado de sus viviendas, las primeras, que son como documento vivo del tiempo, como testimonio de un pasado de grandeza.

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One comment

  1. La foto del templo de santa maría, es como retratar a alguien por la espalda, por favor gracias (al autor del libro) por expresar tu rencor a este lindo pueblo, por medio de tu “primitivo” vocabulario.



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