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Tipos Notables

i)   Tipos Notables

DON REYNALDO ARELLANO: 

Era don Reynaldo un ranchero de poca cultura, de juicio salomónicos y de una profunda filosofía tomada de la vida práctica. “Tío Reynaldo” en el decir de todo mundo. Mi padre fue empleado de él, pariente en no sé qué grado, en una tienda, y me contó una anécdota: 

Durante la Revolución llegó al pueblo una de tantas partidas, villistas, carrancistas, lo que haya sido, y a poco se apersonó con Tío Reynaldo un oficial. El, como era su costumbre estaba leyendo muy quitado de la pena, sentado en un equipal colocado en una de las puertas de su tienda. 

-Señor Arellano, de parte del Coronel…se le suplica ayude con $500.00 para apoyo de la causa. 

Casi sin dejar de leer, va muy tranquilamente Tío Reynaldo hasta el cajón del dinero, saca la cantidad que le requieren y la entrega sin decir media palabra. Vuelve a sentarse y continúa allí enfrascado en su lectura. 

Mi padre que ve todo esto, no se resiste a decir: Tío ¿no le da disgusto que le vengan a sacar dinero? Y él con mucho aplomo, dizque le contestó: Tú has visto que a los borregos les dé coraje cuando los trasquilan ¿no, verdad? Siguen así hasta que les vuelve a crecer la lana…Es lo mismo….

 

DON SIMON TOVAR: 

Fue don Simón un personaje de importancia en el pueblo, porque dentro su oficio de herrero, componía lo mismo un reloj, que un arado, una pistola, etc. Sé que a base de lima reconstruyó un reloj público que estuvo en servicio en algún pueblo del Cañón de Bolaños. 

Su tío, Celso, también herrero de muchas excelencias, llegó a hacerse famoso porque, según decía, usaba camisa y calzón blanco…Se los ponía cuando los estrenaba y se los quitaba…cuando compraba otros nuevos.

 

DON EPIGMENIO SANDOVAL: 

Fue don Epigmenio un tipo alegre que siempre andaba entonando una cancioncilla entre dientes. Su afición por la medicina fue de utilidad ya que durante muchos años, a base de menjurjes, cápsulas y demás revolturas, hizo el bien. 

Era diestro en preparar extraños platillos. Se dice que durante la Revolución Cristera en una temporada en que el pueblo quedó totalmente inhabitado, él fue y sentó sus reales en el kiosco, alimentándose  con gatos que el mismo engordaba con atole de trigo. Todas las mañanas, fuera el tiempo que fuera, corría a la Media Luna a bañarse. Estas y otras extravagancias le merecieron el mote que entrañaba también una forma de cariño, de “Meña Loca”. 

Don Epigmenio, como Carlos Pinto, fue siempre un viejo joven. Alegre. Amante de los bailes y las fiestas; no tomador de vino. Aún en mi juventud, llegó a alternar con nosotros al grado de que, frecuentemente  cuando se trataba de organizar una fiesta, siempre lo contábamos entre los organizadores. Conversador ameno, podía tenerlo a uno con atención varias horas oyendo sus aventuras.

 

DON TELESFORO RIVAS FLORES: 

Fue el esposo de la única hermana de mi padre, Cabe recordarlo porque fue gente emprendedora. Su negocio principal fue la botica, pero que yo recuerde, fue el primero que puso el negocio de fábrica de aguas gaseosas, de “sodas” como se decía antes, La Reyna. Instaló una fábrica de medias, el primer billar, etc. Murió en Zapopan, hace pocos meses y todavía, a la edad de 95 años, preparaba botellas de rompope para vender.

 

TERESITA CASTAÑEDA: 

Se distinguía Teresita por su gracia, salero y don de gentes. Era maestra de escuela, muy querida y  apreciada por todo el mundo por los atributos señalados en aquellos sus resplandecientes veinte años.

Desafortunadamente, despertó una ardiente pasión otoñal en un individuo que la estuvo asediando. Se mantuvo firme Teresita, y esto exaspero tanto a aquel hombre que quiso raptarla, no lo consiguió y en un momento de ceguera descargó sobre ella su pistola. 

El pueblo enteró lloró la muerte de Teresita y se puso de luto. Velorio y sepelio fueron imponentes. El comercio cerró sus puertas. Se suspendieron gallos y serenatas durante el novenario. Supe que varios años después, sus restos fueron exhumados y depositados en la Parroquia en medio de una gran solemnidad y poniendo de relieve el sacrificio de una vida en aras de la dignidad y la pureza. Una placa de mármol consigna ahí las fechas de su nacimiento, el 15 de diciembre de 1915, y el de su muerte, 29 de noviembre de 1934. 

Por aquellos tiempos de mi juventud, yo sentí la necesidad de hacerme presente en el duelo e hilvané lo siguiente, que no me atrevo a llamar versos:

 

Dejad, amigos, que mi lira pobre

de inspiración, como de agua el desierto,

deje recuerdo humilde cual flor, sobre

la triste tumba de este ser que ha muerto.

 

Teresita, la pálida enlutada

cortó el tallo de bella flor humana;

tu vida se apagó, fue aniquilada

cayendo mártir de pasión insana.

 

La belleza de veinte primaveras

cautivaba a los hombres por doquier

y mimada de todos siempre eras

por tu gracia y donaire de mujer.

 

Fuiste reina. Y en júbilo se alzaron

los cánticos y aplausos de amistad

y tu frágil cabeza coronaron

al grito de “graciosa majestad”.

 

Más, como siempre artera fue la Parca,

en momento fatal llegó a tu lado

y al dejar en tu frente negra marca

te fuiste a reposar en lecho helado.

 

Al sentir el dolor que nos quebranta,

que volviera Jesús, yo bien quisiera,

y al mando de su voz, palabra santa,

el milagro de Lázaro volviera.

 

Pero no puede ser, todo es en vano;

para siempre estarás en tu reposo,

porque así lo ha querido el Soberano

que te lleva a vivir su eterno gozo. 

 

 

BUSCADORES DE TESOROS: 

El Teúl también, como todos los pueblos vivió su época de “fiebre de oro”. Que yo recuerde, los principales buscadores de tesoros escondidos fueron don Emilio Rivas y don Teódulo Robles. 

Probablemente el más pintoresco de todo fue don Emilio. Siempre en busca de una mina, era usual verlo enviando o llevando personalmente “muestras” de piedras a “analizar”. Hurgador infatigable de rincones, escarbaba aquí y allá en busca del preciado tesoro o “relación”. No sé de ciencia cierta, pero creo que nunca llegó a encontrar nada. 

Su afición por los tesoros la compartía con sus conocimientos de medicina, de los cuales tuve yo el beneficio más oportuno. Sucedió que durante mi primer año de vida tuve alguna infección entérica, deshidratación o cualquiera de esas enfermedades propias de la infancia que me tenía al borde del pozo. Tal parece que mis padres, resignados a que su retoño se secara, habían mandado a don Pancho Alcalá (Calán) el encargo de hacer mi caja mortuoria para tenerla lista en el momento que ya se creía cercano. 

Alguien piadosamente, aconsejó tomar la opinión de don Emilio. Mi padre se rehusaba pero viendo que aquella podía ser la última lucha accedió al fin. La poción con la hierba fulana, el jugo de dos limones, todo aquellos serenado y dado como” agua de uso”, juntamente con una “posta” de pan blanco batido con huevos juntamente con el cascarón, aplicada en el ombligo, empezaron a surtir efectos para tristeza de la humanidad, porque aquí estoy, y de eso hace ya…bueno, muchos años. 

Don Teódulo también gastó algo de dinero en sus gambusinas aventuras hasta que comprendió o le hicieron comprender que el comercio es más efectivo y estableció aquella tienda “El Globo” que llegó a ser una de las más importantes del Teúl. 

UN “LAZARILLO” CRIOLLO: 

Como en todos los pueblos, escasos de lugares de recreo, las tienditas o tendejones, son el lugar escogido para hacer el platicadero, sobre todo por las noches. Ahí se pasa revista a los acontecimientos locales, nacionales o mundiales; se pellizca un poco la vida y el honor del prójimo, todo al calor de una o dos copitas de tequila. 

Pues bien, en cierta tienda, creo que de mi Tío Manuel Correa, sucedía lo mismo noche con noche. Era el caso de una persona asistente asidua a la reunión que llegaba envuelta en grueso sarape de Florencia y se sentaba en un cajón, o costal que hubiera a modo de mueble. 

Poco a poco los contertulios y sobre todo el tendero, empezaron a notar que dicho convidado, al llegar francamente sobrio, se iba con marcados síntomas de embriaguez, no disimulados, pese a que nunca se tomaba una copa de tequila en la reunión. Extrañados, empezaron a tratar de descifrar el enigma sin lograrlo en mucho tiempo, pese a que continuaban los misteriosos “cuetitos” del personaje de marras. Por fin, las arduas investigaciones de un Sherloc Holmes teulense, dieron su fruto. El misterio estaba aclarado… 

Llegaba, como dije, envuelto en su cobija. Se sentaba siempre que podía, en un barril de tequila y durante muchos días, poco a poco, pacientemente, fue horadando la madera con un clavo o algo similar hasta hacer un pequeño agujero que disimulaba con cera Campeche. Después de esto, lo que siguió fue fácil, pues se llevaba escondido un popote de escoba popotona, lo introducía por el agujero y a libar se ha dicho. Hecho el descubrimiento, simplemente cambiaron de lugar el barril y las libaciones gratuitas terminaron. Lástima de ingenio. 

DON TAIDE GARCÍA GONZÁLEZ 

Mi bisabuelo por línea materna. En el tiempo en que lo conocí, un viejo octogenario, sobrino carnal del Gral. Jesús González Ortega Bonachón, con una flema inglesa o mayor todavía, liberal de hueso colorado. Como buen gonzález-orteguista, enemigo de Juárez, ya que compartía la idea de aquellos ayeres de que, dada la pugna final entre ambos caudillos y las ambiciones del General, la muerte de éste quedaba un poco oscura y aun se consideraba que, probablemente, Juárez no había sido ajena a ella. 

Asiduo lector de novelas, en el tiempo en lo que conocí pasaba la mayor parte del día entregado a este entretenimiento, pues aparte de esto no tenía más ocupación, si es que puede llamarse ocupación. Que la de prestar centavitos. 

Entre los personajes muy respetados del pueblo, emparentado además con el Gral. González Ortega, está don Francisco Mercado González quien prestó para esta obra recuerdos familiares, dibujo de personajes y hechos interesantes que él pudo presenciar. 

Había en su casa una habitación que daba a la calle (donde cierra al sur, la calle de la iglesia) en la que siempre se le veía devorando las obras de Víctor Hugo, Vargas Vila, Zolá, Dumas, etc., y naturalmente platicando con otros desocupados. Su esposa, doña Nicolasa Magallánes, era el reverso de la medalla en todos los aspectos, diligente, trabajadora, mantenía en constante actividad no sólo a la familia, sino a los mozos y gentes en general, que trabajaban con ellos, ya en el pueblo o en el rancho. 

Era doña Nico ferviente católica, otro aspecto de contraposición con mi bisabuelo, quién la consentía y gozaba de sus actos de piedad, sin que desperdiciara oportunidad de hacer sorna de la religiosidad de su esposa; yo no diría que se trataba de una burla ofensiva, pues tengo la creencia de que en el fondo, don Taidé fue hombre religioso y devoto. 

Se contaba que una vez en que mi bisabuela rezaba el rosario, como todas las noches, con toda la familia reunida, menos con don Taidé que desde su cuartito al fondo, permanecía allá, al margen del acto piadoso. Una vez, en el rezo de las letanías, al llegar a la advocación “casa de oro”, mi bisabuelo, desde su cuartito contesta en voz alta: “ya lo quisiera de adobe”; intervención que le granjeó una buena reprimenda de doña Nico. 

Decían también que subrepticiamente se robaba los huevos que mi bisabuela guardaba en el “zarzo”, para sus sesiones culinarias. Les practicaba un pequeño agujerito con aguja en ambos polos, sorbía pacientemente el contenido y volvía a depositar el cascarón en su lugar. Cuando días después, la masa estaba en su punto y llegaba el momento de batir los “blanquillos”, se encontraba la amarga sorpresa de que sólo había cascarones, con la consabida rabieta de doña Nicolasa, la regañada a don Taidé y la risa socarrona de éste… Guardoa gratos recuerdos de él, nacidos sin duda de las especiales muestras de cariño que tuvo para mí”. 

De labios de don Indalecio Chávez recogemos otra anécdota en que fuera don Taidé García en uno de los períodos en que fue presidente municipal. Siendo hombre principal, y con la autoridad del municipio, jugó un papel importante en el episodio que nos cuenta don Indalecio Chávez, en el que de paso se refila la personalidad del Sr. Cura D. Ramón Vélez, uno de los párrocos beneméritos que ha tenido el Teúl.

El ritmo despacioso y minucioso del relato de don Indalecio nos transporta a la calma de aquellos tiempos, y nos presenta al señor Taidé García como un hombre que a pesar de lo que pudieron influir  en él las lecturas de jacobinos, librepensadores, enciclopedistas racionales o positivistas de aquella época, conservaba una fe profunda que le hacía respetar y en el caso proteger al  sacerdote a quien se le ordenaba aprehender. Así también queda de manifiesto el carácter resuelto, vigoroso del Sr. Cura Vélez, constructor de la Capilla del Rosario ahora en ruinas, entre otras muchas de sus obras materiales.

Aquí está la plática textual de don Indalecio:

“Era yo escribiente una vez que estuvo el Sr. Cura Vélez; fue por ahí por el 18 ó 19, aproximadamente. Más bien el 18, porque ya el 19 fue presidente don Eduardo Villegas. 

Era yo escribiente de la presidencia en tiempo de don Taide García a quien conocíamos ahí por lo que llamaban entonces un librepensador, retirado y hasta en cierto modo enemigo de la religión católica. Pero no presumía esto ni mucho menos, más bien debe decirse que era un hombre paciente, muy pacífico. 

El vendía libros, de una clase de libros que tenían la intención de desprestigiar a la Iglesia y hasta yo tuve oportunidad de hacerme de algunos; uno quedó allá con el Sr. Cura don Luis M. Gómez que estuvo en tiempo de unas maestras muy famosas, unas señoritas Vallarta. Había adquirido yo un libro que se llamaba Sueños del Papa, y me preguntó que qué clase de libros leía; pos éste; me parece que por Alejandro Dumas, Dumas padre, me parece. Ya me dijo: oye, me prestas ese librito. Sí señor cura, cómo no. Así quedó la cosa, ni más me lo regresó; quién sabe cómo lo encontraría. Bueno, pos ese libro de con don Taide salió. 

Ah, y resulta esto: ya empezaban los primeros pasos del gobierno federal contra el clero, apenas los comienzos de lo que iba a suceder después. 

Sucedió que aprehendieron al Señor Obispo de la Mora que estaba en Zacatecas y lo trajeron en calidad de preso a Colotlán; pos ya se iniciaba la persecución del gobierno; el gobernador de entonces en Zacatecas era un licenciado, Luis Lizaldi… 

Bueno, pos que ya trajeron al Señor Obispo de la Mora en calidad de preso y como te decía, en tiempo de don Taide, habíamos en la presidencia una tanda de muchachos, estaba Gonzalo Magallanes, alias el Chamuco: don José María González, Dios lo tenga en paz, hermano de don Jesús González; Elpidio Ramírez, Abigail Robles que era un poquito menos de mi camada; todos esos habíamos ahí, unos en forma de supernumerarios, otros como aprendices… toda una plaga de muchachos. Yo era entonces secretario de la presidencia. 

Bueno, pos que se recibe un telegrama del gobernador dando instrucciones  para que se aprehendiera al Sr. Cura Vélez y se le trasladara a Colotlán. Fue por ai como cerca de las doce del día. Me enseñó don Taide en forma muy confidencial el telegrama; mira, ¿qué dice aquí? Luego me dice: esta orden la vamos a cumplir entre tú y yo. Ah, qué mal negocio, pensé yo. Pos mire, señor, le suplico que me haga el favor de excusarme de esa comisión, no me sienta bien, y luego usted se imagina; yo, en calidad de gendarme ¡aprehender al señor cura!.. Y luego, usted cree que me dejen llegar aquí, no me dejan llevar, por ai me apedrean. No, hágame el favor de excusarme. 

Y don Taide muy conciso: No se puede, son cosas de mucha reserva que tú vas a tener que cumplir.

Bueno, pos eso fue ya cerca de la hora de la salida. Salimos. A la hora de entrar de nuevo, que era a las tres de la tarde, me dijo: tienes que cumplir con la comisión que te encargué. Oiga, don Taide, hágame usted el favor de excusarme. No se puede, dijo, yo necesito gente de confianza. Pos muchas gracias por el honor que me da, pero yo desearía que no me comisionara. Ah, qué mal negocio… 

Personalidad muy destacada del Teúl fue don Taide García. A pesar del carácter de “librepensador” que le atribuía el vecindario, de acuerdo a la moda de entonces, se cuenta aquí cómo esquivó la aprehensión del Sr. Cura Vélez. 

Pasó la tardecita, pos ai como a las…Pero yo pienso ahora, hombres de muy buen pensamiento…Por ai como a las seis de la tarde. El Sr. Cura Vélez, Dios lo tenga en paz, era un hombre muy terminante, recto; hasta corajudo. Decían que era muy corajudo: sí, tenía su geniecito.

Ya tanteó antes de la hora de salida, me dijo: escribe el mensaje ese en forma de oficio para el Sr. Cura Vélez. Le entregas la comunicación y te lo traes… 

Señor, yo no puedo hacer eso. Así vamos a hacer; la última palabra de don Taide, que no dejaba lugar a escapatoria. 

Transcribí entonces el mensaje comunicando al señor cura que por orden del gobierno de Zacatecas, se solicitaba su presencia; ahí algo me estimuló aquello, pero no muy bien, porque me dijo: te lo traes, te vienes con él. 

Estaba el señor cura en el corredor del poniente rezando su breviario, así se llama eso que leen diario ¿no? Iba para allá y venía para acá y yo siguiéndole nomás con mi papelito en la mano. Hasta que en una de esas se detiene y me dice: ¿Qué se te ofrece? Era muy terminante. Señor cura, tenga usted la bondad de enterarse de esta comunicación. No le había hablado por no interrumpirlo, pero vengo a entregarle esto. Tomó el oficio, lo leyó; dile al señor presidente que estoy enterado… 

Ya fui con don Taide: pos, señor, dijo el señor cura que estaba enterado. Pero si te dije que lo trajeras. No, señor, eso no le dije al señor cura, por lo mismo que le digo a usted, yo temo eso. ¿Usted cree que viendo que lo traigo…? después quedo yo mal ai con los habitantes, principalmente las mujeres. Bueno, pos así. 

Salimos ya. Todo aquel muchachal salió. Don Taide y yo nos quedamos; espérate un poquito. Ya volví al curato y topé con Joaquín; el mozo era un Joaquín que has de haber  alcanzado a conocer, huero él que ya después vendía melcochas en el portal. Joaquín Rodríguez; era medio buen cristiano. Llegué al curato y me lo encontré; esto fue ya muy tarde, ya posiblemente a puesta de sol. Bueno, pregunté por el señor cura; no, no está, salió a confesión… 

Voy a informarle a don Taide: pos sabe que esta noticia traigo, que salió el señor cura a confesión a un rancho. Anda infórmate a qué rancho fue. ¿Pos con quién me informo? Joaquín era medio tontón. Por ahí vi a un sacerdote; no me acuerdo, pero se me hace que era Urzúa. No me acuerdo muy bien. O Ruíz. Posiblemente haya sido más bien el Padre Ruíz, un hermano de don Vicente Ruíz. Me informó: pos no, no supimos. El salió y si no nos dice él a dónde va, nosotros nunca nos animamos a preguntarle. 

Fui y le dije a don Taide eso. Bueno, ai sabremos, mañana vamos a saber. Al día siguiente le dijo a los muchachos, como era el mismo salón donde estábamos todos, póngase allá que a hacer esto y lo otro; los entretuvo por allá y me dijo que me acercara y me dijo: mira, haz un oficio de esta manera, y él me lo formuló. Estaba yo haciendo el oficio cuando dijo: no, he pensado que mejor un mensaje. Pos hágame el favor de formularlo. El mismo lo redactó; dirigido al gobernador: En cumplimiento a lo dispuesto a su mensaje de fecha tal que fue recibido a tales horas, se procedió inmediatamente al cumplimiento de su orden, pero no pudimos encontrar al señor cura don Ramón Vélez y hasta esta fecha lo hemos estado procurando y no tenemos noticia dónde se encuentre… 

Tapón. Ahí quedó todo. Después, en unos ejercicios, por ahí revolviendo cosas del curato, se encontraron un cuadernito donde apareció el mensaje, aparecía mi nombre y el de don Taide, toda la historia que te he contado y la copia de los documentos que se cursaron. No sé cómo llegó aquello a conocimiento del señor cura o quién escribió toda la relación. Lamenté no haberme quedado con el cuadernito, pero ya después, cuando quise, anda vete. 

Ya el señor cura no volvió, pero lo que yo admiro es la forma en que don Taide estudió tan perfectamente el plan de modo de no quedar mal con sus superiores, ni hacer daño al cura. 

No, y vieras qué enérgico era el señor cura. Dios lo tenga en paz; y claridoso. No le gustaba que las señoras llevaran niños al templo. Y una vez… Predicaba mucho, cantaba mucho. Y una vez. Un sacerdote, yo nunca veo que un sacerdote voltié a ver a la gente cuando está oficiando. Y él tenía una risita así, una sonrisita y voltiaba a decir algo, una especie de corrección. 

Pero una vez estábamos en el rosario y después del rosario le gustaba mucho la predicación; después del rosario estaba predicando uno de los Misterios de María. Pos estaba en eso, cuando resultó por ahí un chiquillo llorando… 

Entonces el púlpito estaba acá en la esquina del crucero. Y desde ahí le dice el señor cura a la pobre mujer: dale teta a ese muchacho o salte para fuera. Era muy claridoso. 

A las mujeres que para el viernes primero se amontonaban en el confesionario, todas empujándose para llegar primero…Sacaba la cabeza el señor cura: viejas nagualonas, apestosas; quieren a la fuerza venir y estarse encimando unas sobre otras. No puedo despacharlas a todas al mismo tiempo; necesito que se vayan acercando por orden. Váyanse a hacer de comer o atender el quehacer de su casa y ya vendrán. Si, dicen que se hacía tanta aglomeración en los confesionarios, que algunas mujeres hasta llevaban una aguja para irse abriendo campo en la bola…”

Con esta serie de anécdotas cerramos el capítulo en el que quisimos dar una imagen, desleída por el tiempo, de aquellas gentes que nos precedieron y pusieron su parte en la construcción de este pueblo que sentimos tan nuestro…

Nada seríamos ni tendríamos, sin el trabajo, el ensueño y el amor que aquellos hombres pusieron en las cosas del Teúl, y formaron entre todos este recinto de “la Suave Patria”. 

Por este espacioso y soleado corredor: viguería labrada y un fastuoso cancel de hierro forjado, se accede al despacho del Presidente Municipal. Los cuatro corredores cierran un florecido jardín en cuyo centro se ve la efigie de González Ortega y hasta un pozo de brocal, como aquellos de tiempo viejo.


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